A poco más de dos meses de las elecciones legislativas de noviembre, una serie de encuestas divulgadas en los últimos días encienden las alarmas en la Casa Blanca: Donald Trump registra un respaldo de apenas entre el 32 y el 34 por ciento, un desplome que lo coloca como el segundo presidente más impopular de la historia reciente de Estados Unidos, solo superado por Richard Nixon en los días previos a su renuncia por el escándalo de Watergate.
Un respaldo en caída libre
El republicano no goza del relativo estado de gracia que suele acompañar los primeros 100 días de un mandato. Por el contrario, su aprobación ha ido descendiendo de manera sostenida, y los sondeos más recientes lo ubican en un rango de entre el 32 y el 34 por ciento, una cifra que ha puesto en alerta a los estrategas del partido ante el riesgo de perder el control del Congreso en los comicios de noviembre.
El fantasma de Nixon y el temor republicano
El precedente de Nixon, quien dimitió en 1974 en medio del escándalo Watergate con niveles de aprobación inferiores al 30 por ciento, es el único punto de comparación histórico. La diferencia, advierten analistas, es que Trump no enfrenta un escándalo de esa magnitud, pero su gestión ha generado un desgaste que se refleja en las encuestas y que podría traducirse en un castigo electoral para los republicanos.
La impopularidad de Trump no es un tema menor: es un lastre que los republicanos arrastran de cara a unas elecciones que definirán el equilibrio de poder en Washington.
Un panorama incierto para las legislativas
Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, el Partido Republicano enfrenta un escenario complejo. La caída en la aprobación presidencial no solo afecta la imagen de Trump, sino que también pone en riesgo las candidaturas de los legisladores que buscan la reelección y que dependen del arrastre del líder del partido. Los sondeos sugieren que los demócratas podrían capitalizar el descontento y recuperar terreno en el Congreso.