La última cena en Bogotá
La última vez que Julián González Díaz vio a su hermano fue hace tres meses, en una pizzería del sur de Bogotá. Allí, Jefferson Bonilla Díaz, ocho años menor, le contó que se iba a Brasil por una oportunidad laboral en seguridad privada. Lo que parecía un sueño se convirtió en pesadilla: terminó en el frente de guerra ruso en Ucrania.
Un mensaje que heló la sangre
Desde el 22 de abril no hay rastro de Jefferson. Ese día, a través de una amiga, envió un último mensaje: “No paila, caímos en una emboscada. Esto es el infierno. Oren por nosotros. De aquí no salimos sino por un milagro”. Desde entonces, el silencio.
Desafortunadamente no sé nada de mi hermano, pero no quiero que más familias colombianas sufran lo que estamos sufriendo muchos en este momento. Esto no es una guerra, es una carnicería.
La red de reclutamiento que opera en Colombia
Según la Cancillería, con corte a mayo de este año, la guerra ha dejado al menos 670 colombianos desaparecidos y 173 fallecidos. Los reclutadores ofrecen salarios de hasta 2.500 euros mensuales y un bono inicial de 17.000 euros. Muchos viajan sin pasaporte, con cartas de invitación falsas, y terminan firmando contratos con el Ministerio de Defensa ruso.
- Los reclutadores contactan a exmilitares, policías y guardias de seguridad.
- Ofrecen trabajos en construcción o limpieza, pero terminan en el frente de batalla.
- Las redes sociales y el voz a voz son los principales canales de captación.
- Entre 2.000 y 3.000 colombianos han sido reclutados por el bando ucraniano.
El drama de una familia desplazada
Julián y Jefferson son desplazados por la violencia en Colombia. Originarios de Ortega, Tolima, huyeron de la guerra entre guerrilleros y paramilitares. Crecieron en el campo, entre caballos y gallinas. Jefferson prestó servicio militar en La Guajira, experiencia que los reclutadores usaron para engancharlo.
La lucha por la verdad
El pasado 8 de julio, familias de desaparecidos realizaron un plantón en la calle 26 con avenida 68 de Bogotá. Exigen que la Fiscalía investigue a los reclutadores por trata de personas. La Embajada de Rusia se desligó del caso y pidió a los colombianos no involucrarse en conflictos ajenos.
Hemos estado en la Embajada de Rusia, en Cancillería, en la Fiscalía. Todas las instituciones se tiran la pelota. Exigimos respuestas y que se condene a los reclutadores. Esto es trata de personas.
Mientras tanto, Julián sobrevive vendiendo aparatos tecnológicos en el sur de Bogotá, con la angustia de no saber si su hermano volverá con vida. Solo espera un milagro o que una herida de guerra lo saque del infierno.