En un hecho sin precedentes en la historia de Colombia, el presidente Gustavo Petro anunció la ruptura de relaciones con el Banco de la República, luego de que la junta directiva decidiera aumentar la tasa de interés en 100 puntos básicos, sumándose a otro incremento similar realizado en enero. Esta decisión ha generado un fuerte choque entre el Ejecutivo y la entidad monetaria, que se ha mantenido como blanco constante de críticas desde la Casa de Nariño durante este cuatrienio.
“Con el alza de la tasa de interés del Banco de la República, con su mayoría uribista en la junta, lo que buscan es detener, a como dé lugar, el triunfo electoral del progresismo. Y van a subir un punto más la tasa de interés: suicidas”, afirmó el presidente Petro en su cuenta de X.
El ministro de Hacienda, Germán Ávila, también expresó su rechazo a la medida, señalando que esta decisión va en contravía de la realidad económica y afecta los objetivos de crecimiento del país. La ruptura formal se concretó tras la segunda subida consecutiva de la tasa de interés por parte del Banco de la República.
Este enfrentamiento no es el primero del gobierno Petro con instituciones independientes. Anteriormente, la Casa de Nariño había roto con las comisiones económicas del Congreso cuando rechazaron la reforma tributaria en diciembre de 2024, una señal de tensión que ahora se traslada al ámbito monetario, generando preocupación por la separación de poderes y la autonomía institucional.
“La independencia del Banco no es un capricho tecnocrático. Es una garantía para que la política monetaria no quede sometida al afán político del Gobierno de turno. Romper esa línea es peligrosísimo, porque sin Banco independiente lo que queda es más incertidumbre, menos confianza y una economía mucho más vulnerable”, explicó el analista Víctor Muñoz.
El anuncio de la ruptura ha abierto un nuevo frente de batalla política, mientras expertos y exfuncionarios advierten sobre los riesgos de desestabilizar la economía nacional. El exministro Alejandro Gaviria señaló que esta confrontación podría destruir la estabilidad monetaria del país, mientras que líderes empresariales como María Claudia Lacouture calificaron la jugada como una presión política que erosiona la confianza.
El impacto político ya se siente con fuertes debates sobre la legitimidad y la independencia del Banco de la República, y aunque las consecuencias económicas aún están por verse, esta crisis institucional marca un antes y un después en la relación entre el Ejecutivo y las entidades autónomas del país.