Una tradición en transformación
En numerosos países, la elección del apellido para los hijos ha sido históricamente dominada por la prevalencia del apellido paterno. Sin embargo, desde finales del siglo XX, varias naciones han modificado sus leyes para permitir que el apellido materno pueda colocarse primero, como es el caso de España desde 2017, donde actualmente solo un pequeño porcentaje de recién nacidos lleva el apellido materno en primer lugar.
El desconocimiento y la resistencia social, incluyendo el temor a romper con tradiciones familiares y estigmas asociados, dificultan que esta opción se popularice. Además, en muchos casos, la elección se ve condicionada por la presión social, creando un ambiente donde prevalecen los apellidos paternos a pesar de las reformas legales.
Situaciones y cambios legales en diferentes países
- En Francia y Bélgica, donde se permite la elección desde comienzos del siglo XXI, más del 80% de los niños siguen llevando el apellido paterno.
- Estados Unidos mantiene una fuerte tradición con un 96% de casos que optan por el apellido del padre.
- Italia enfrenta debates y resistencias políticas pese a fallos constitucionales que cuestionan la obligatoriedad del apellido paterno.
- En los Países Bajos, desde 2024 se permite combinar apellidos con guion, aunque esta medida aún presenta limitaciones que afectan principalmente a las mujeres.
Culturas matrilineales y sus características
Existen comunidades en el mundo donde la herencia del apellido materno es tradicional y forma parte de sistemas sociales matrilineales, aunque esto no implica necesariamente un matriarcado. Ejemplos incluyen a los minangkabau en Indonesia, los mosuo en China y los khasi en India, donde la línea de descendencia y la residencia familiar se basan en la madre.
Estas culturas presentan formas diferentes de organización social, con roles masculinos y femeninos definidos, y una fuerte conexión con la tierra y la propiedad que se transmite por línea materna, en contraste con los sistemas patriarcales predominantes en otras partes del mundo.
Desafíos y resistencias sociales
La persistencia de la tradición paterna en la elección del apellido refleja no solo una cuestión legal, sino también cultural y social. Muchas familias prefieren mantener el orden tradicional para evitar conflictos o estigmatizaciones, mientras que las mujeres suelen enfrentar obstáculos al intentar revertir esta práctica, incluso en contextos donde la legislación lo permite.
Asimismo, la coexistencia de sistemas matrilineales con presiones externas, como la globalización y legados coloniales, pone a prueba la continuidad de estas tradiciones, que en algunos casos se mantienen con orgullo y adaptabilidad.
“Cambiar la tradición puede crear malestar en la familia y no todos están dispuestos a afrontarlo. Asociar el apellido materno con situaciones negativas es un estigma que aún persiste”, señala Livia García Faroldi, profesora de Sociología.