La llegada de los generales Alejandro Barrera y Norberto Mujica a la cúpula de la Policía estuvo acompañada de un anuncio con mayor carga institucional por parte del presidente electo, Abelardo De La Espriella: la de establecer en Barranquilla la sede permanente de la Subdirección General de la institución. La medida no solo modifica la ubicación física de uno de los cargos más importantes del mando policial, sino que envía un mensaje sobre el modelo de seguridad que buscará implementar el nuevo gobierno.
Descentralizar la seguridad, la apuesta del nuevo gobierno
El presidente electo presentó la decisión como parte de una estrategia de descentralización del Estado. “No solamente vamos a descentralizar el poder; también vamos a descentralizar el manejo de la seguridad”, afirmó De la Espriella. Con esa determinación, Barranquilla dejaría de ser únicamente un escenario operativo para convertirse en uno de los principales centros de coordinación estratégica de la Policía Nacional por fuera de Bogotá.
Un contexto de violencia que exige respuestas
El anuncio también coincide con el panorama de seguridad que enfrenta el Atlántico. Al cierre de julio, el departamento acumulaba 713 muertes violentas durante 2026. La tendencia se mantuvo prácticamente constante durante todo el año: enero y febrero registraron 93 homicidios cada uno; marzo superó el centenar con 104 casos; abril, mayo y junio conservaron ese comportamiento hasta completar 607 hechos violentos en el primer semestre, mientras que julio sumó otros 105.
La mayor presión continúa concentrándose en el área metropolitana de Barranquilla. De los 105 homicidios reportados durante julio, 95 ocurrieron en esa zona. Barranquilla encabezó la estadística con 52 asesinatos, seguida por Soledad con 30. Malambo reportó siete casos, Puerto Colombia cuatro y Galapa dos, cifras que mantienen a la región como uno de los principales focos de atención para las autoridades.
Una decisión con lectura política y estratégica
Para Luis Trejo, profesor de la Universidad del Norte, la decisión también responde a la apuesta política del nuevo gobierno de convertir a Barranquilla en una sede alterna de la Presidencia. En ese escenario, considera que la ciudad deberá ofrecer condiciones para garantizar el funcionamiento de las instituciones nacionales. El académico también llamó la atención sobre la recomposición del panorama criminal en la región. Según explicó, estructuras como ‘los Pepes’ y ‘los Costeños’ han visto reducidas sus capacidades por la aparición de nuevos actores ilegales, situación que llevó a que sus cabecillas enviaran comunicaciones al nuevo gobierno manifestando su intención de avanzar en procesos de sometimiento a la justicia.
Para Trejo, ese escenario no implica la desaparición de la criminalidad, pero sí configura un momento de transición en el que el fortalecimiento de las capacidades de la Policía en Barranquilla podría traducirse, en el corto y mediano plazo, en una reducción de delitos como el homicidio y la extorsión.
Más que un traslado administrativo
En ese contexto, el traslado de la Subdirección adquiere una dimensión distinta. Janiel Melamed, experto en seguridad, explicó que “la Subdirección de la Policía tiene toda la capacidad para ordenar el despliegue de todas las capacidades y especialidades de la institución”, entre ellas Infancia y Adolescencia, Grupos de Operaciones Especiales y Antinarcóticos. A su juicio, la decisión “no solo será un traslado administrativo, sino uno que estará acompañado de unas robustas capacidades que complementarán las ya asignadas a la Policía Metropolitana de Barranquilla”.