El Mundial no se merecía a Francia ni a Inglaterra ni a Portugal ni a Marruecos. Tampoco a Argentina. Se merecía como vencedora a esta Roja de Luis de la Fuente, que llegó como favorita total de los analistas, de los aficionados, de las apuestas y del ambiente todo. Fue de lejos la mejor selección de las 48.
No le pesó esa mochila pesadísima de ultracandidata, no la desanimó su desilusionante empate ante Cabo Verde en el debut y al final lo logró: es la nueva campeona del mundo. Está bien. Fue más que todos. Lo buscó, lo trabajó, creyó en sí misma, en su fútbol, en jugar siempre la pelota al ras, en cuidarla, respetarla y protegerla… hasta que la muerte los separe. Y se le dio.
Excelente campeón. Si se pudiera hacer una estadística retrospectiva, jamás un campeón tuvo tanta tenencia de pelota, nunca dominó tanto a sus rivales. Y ganó el Mundial más largo de todos: debió trajinar durante 8 partidos.
El equipo de Luis de la Fuente fue más que todos. Lo buscó, lo trabajó, creyó en sí mismo, en su fútbol, en jugar siempre la pelota al ras.