La directora y guionista Chloé Wallace encendió el debate tras la gala de los Oscars al denunciar el regreso de la delgadez extrema como un ideal de belleza disfrazado de salud. Su mensaje en Instagram se viralizó rápidamente, reflejando una preocupación creciente sobre cómo esta tendencia se ha sofisticado y medicalizado, alejándose de la simple estética para convertirse en una cuestión política y social.
Según la nutricionista Azahara Nieto, el fenómeno, conocido como 'heroin chic' en los años noventa, ha vuelto con fuerza, pero ahora se presenta bajo la narrativa del bienestar y la disciplina corporal, apoyada en datos biométricos y tratamientos farmacológicos, lo que dificulta su detección y crítica.
Las redes sociales amplifican la presión estética y fomentan comparaciones que pueden desencadenar trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y problemas de percepción corporal. Expertas señalan que la recuperación de estos trastornos es compleja en un entorno que valora la delgadez extrema como un estándar social.
“Antes te decían que estabas gorda, ahora te dicen que estás inflamada.” - Azahara Nieto, nutricionista
El resurgimiento de la extrema delgadez también se relaciona con un contraataque a los movimientos body positive y antigordofobia que promovían la aceptación de la diversidad corporal. La filósofa Magdalena Piñeyro apunta que la excusa de la salud para justificar la delgadez no es nueva, pero ahora se entrelaza con la promoción de fármacos antiobesidad.
Los medicamentos como el Ozempic, diseñados para tratar la obesidad, han sido adoptados masivamente y en ocasiones sin supervisión médica adecuada, convirtiéndose en una herramienta estética peligrosa que banaliza la obesidad y puede causar malnutrición y otros riesgos para la salud.
Expertos como Andreea Ciudin advierten sobre la prescripción indiscriminada y la falta de seguimiento en el uso de estos fármacos. La expectativa de pérdida de peso rápida ha generado una trivialización del tratamiento y un aumento en el uso no controlado, lo que podría desencadenar problemas de salud pública.
Además, la narrativa alrededor de la alimentación favorece dietas restrictivas y un lenguaje centrado en el autocuidado con alta autoexigencia, donde el control riguroso de la ingesta es común. Esto alimenta una relación rígida con la comida y el cuerpo, que puede derivar en conductas poco saludables.
La presión estética hacia la delgadez extrema también tiene raíces ideológicas y sociales, vinculándose con valores como el control, la disciplina y la productividad. En ciertos círculos ultraconservadores, el cuerpo delgado se asocia con estatus y superioridad moral, promoviendo exclusión y validación a través del aspecto físico.
Magdalena Piñeyro destaca que la creencia neoliberal de que el cuerpo es completamente moldeable es una trampa que desvía la atención de las condiciones materiales y culturales que influyen en la salud. El resultado de esta persecución del ideal de belleza es frustración y un aumento de trastornos alimentarios, incluso en edades cada vez más tempranas.
“Igualar delgadez a salud es un error, especialmente cuando muchas personas enferman por alcanzar un ideal impuesto.” - Magdalena Piñeyro, filósofa y activista
Las expertas llaman a cuestionar el concepto actual de salud que gira en torno a la farmacología, el sacrificio y la restricción alimentaria, y a promover una visión más inclusiva y saludable del cuerpo que no esté dominada por presiones estéticas ni ideologías conservadoras.