Un contaminante silencioso
Dormir mal, no concentrarse o vivir en alerta constante puede tener un origen común: el ruido. Jesús Alba, catedrático de Física Aplicada y experto en acústica de la Universidad Politécnica de Valencia, asegura que no se le da la importancia que merece a la repercusión del ruido en el cuerpo humano, especialmente en colectivos vulnerables como niños, personas mayores o quienes padecen patologías que afectan al sistema nervioso y locomotor.
Los límites que no debemos superar
No se recomienda pasar de 55 decibeles, que es el punto medio del volumen de un teléfono móvil, los cuales pueden llegar hasta los 100 dB. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica el ruido como uno de los contaminantes registrados, pero falta cultura para protegerse de él.
El ruido es uno de los contaminantes registrados por la OMS. Lo que pasa es que no hay cultura de tener en cuenta que afecta realmente a la salud de las personas y, sobre todo, las vulnerables: niños, personas mayores y personas con algún tipo de patología que les pueda afectar al sistema nervioso, al sistema locomotor.
A su juicio, 'no existe cultura de la necesidad de protegerse frente al ruido', por lo que se convierte en el 'agresor invisible' de la salud.