Más de 35 años después de su hundimiento en el mar de Noruega, el submarino soviético K-278 Komsomolets continúa siendo objeto de vigilancia internacional. Un nuevo estudio científico confirmó que el reactor nuclear del pecio sigue liberando radionúclidos desde el fondo oceánico, donde permanece a 1.680 metros de profundidad junto a dos armas nucleares.
Un legado radiactivo en las profundidades
La investigación, realizada por un equipo de científicos noruegos y rusos, detectó la presencia de cesio-137 y otros isótopos radiactivos en muestras de agua y sedimentos cercanos al pecio. Sin embargo, los niveles registrados son bajos y no representan una amenaza inmediata para la vida marina ni para la salud humana, según los autores del estudio.
El reactor sigue siendo una fuente de radionúclidos, pero la dilución en el océano y la profundidad a la que se encuentra el submarino minimizan el riesgo de contaminación significativa
Vigilancia internacional y riesgos potenciales
El K-278 Komsomolets se hundió el 7 de abril de 1989 tras un incendio a bordo, cobrando la vida de 42 tripulantes. Desde entonces, ha sido monitoreado por agencias de Noruega, Rusia y otros países. Aunque las mediciones actuales no muestran un impacto ecológico grave, los expertos advierten que la corrosión del casco podría acelerar la liberación de material radiactivo en el futuro.
- Profundidad: 1.680 metros en el mar de Noruega.
- Armamento: Dos torpedos con cabezas nucleares a bordo.
- Estado: Reactor dañado pero estable, con fugas controladas de radionúclidos.
Las autoridades noruegas han reiterado que, por ahora, no es necesario intervenir para sellar o recuperar el submarino, pero la comunidad científica sigue de cerca su evolución.