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Cuando Barranquilla huele a mango: la cosecha que convierte las calles en un gran patio común

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Foto: La voz del país

Compartir Enlace copiado Foto:Leoherrera EL TIEMPOContenidoNoticia BarranquillaCuando Barranquilla huele a mango: la cosecha que convierte las calles en un gran patio comúnEntre abril y julio, miles de frutos caen sobre parques y avenidas. Lo que para unos es basura, para otros sigue siendo alimento y paisaje urbano.Leonardo Herrera DelgansPeriodista de EL TIEMPO CARIBE22 de julio 2026, 10:38 A.M. Actualizado:22.07.2026 10:38Compartir Enlace copiado Tock. El sonido es seco. El mango golpea primero la tierra y luego rebota hasta el pavimento. Un segundo después llega otro. Y otro más. Basta una brisa ligera para que el árbol comience a desprender los frutos maduros.San Basilio de Palenque: el último rincón del Caribe donde el territorio nunca deja de enseñarEn Barranquilla no hace falta mirar al cielo para saber que es temporada de mangos. El aviso está en el piso. En los parques cubiertos de frutos amarillos y verdes. En los techos de los carros, donde un golpe inesperado activa las alarmas. En las aceras donde alguien se agacha, recoge uno, lo limpia con la camiseta y sigue caminando mientras le da la primera mordida.La ciudad atraviesa uno de esos ciclos que parecen repetirse desde siempre, aunque cada año sorprendan como si fueran nuevos. Los mangos volvieron a apoderarse del paisaje urbano.En la carrera 42, entre calles 57 y 58, en el barrio Recreo, zona céntrica de la ciudad, el movimiento habitual de talleres mecánicos y almacenes de repuestos convive estos días con otra escena. Sobre la vía estrecha, donde apenas caben los carros estacionados y los vehículos que esperan reparación, tres árboles dejan caer mangos de hilaza y de azúcar durante buena parte del día.Ampliar imagenEl mango tiene vitamina C, B6 y caroteinodes que pueden ayudar a varias funciones del cuerpo.Foto:iStock Germán, un mecánico que lleva más de una década trabajando en el sector, sonríe mientras observa a varias personas detenerse para recoger algunos frutos."Esto es una bendición. Aquí uno ve pasar gente de todos lados. Hay quienes recogen uno para llevárselo a la casa, otros se lo comen aquí mismo. Nosotros hasta hacemos una pausa para coger los que están buenos. Eso sí, toca estar pendiente porque caen duro y más de uno se ha llevado un susto cuando le caen al carro", cuenta el hombre.Las Gardenias estrena la primera comunidad energética de Barranquilla: 700 familias tendrán alivio en la factura de luzLos mangos terminan formando pequeños montones junto a los andenes. Algunos desaparecen rápidamente. Otros son aprovechados por ardillas o pájaros que también parecen conocer el calendario de la naturaleza mejor que cualquier persona.La ciudad aprovecha la cosechaEl Recreo es apenas una muestra. En barrios como El Golf, San José, Boston, Ciudad Jardín, La Concepción, Las Delicias o Alto Prado la escena se repite. Hay parques donde el suelo permanece cubierto de frutos durante días.En el parque del barrio El Golf, José Pérez hace una pausa antes de entrar a trabajar. Mira hacia el árbol y escoge uno que acaba de caer."Todos los días me como uno o dos mangos que cojo aquí mismo. Si están buenos, mejor. Eso no se pierde. Hay gente que pasa derecho, pero uno que conoce sabe cuándo un mango está en su punto", manifiesta.Parque El Golf de Barranquilla con sus arboles de mangoFoto:Leoherrera EL TIEMPO Mientras habla, una pareja recoge varios para llevarlos en una bolsa. Nadie parece sentirse extraño haciendo algo que hace décadas era una costumbre cotidiana.El mango no es un recién llegado a la costa Caribe. Es una fruta tradicional de la región y hoy se perfila como una de las de mayor potencial de crecimiento dentro de la canasta agroexportadora del país, con la región Caribe, y en particular Santa Marta y sus alrededores, que concentran buena parte de esa producción.En el Atlántico es común verlo por todas partes, sobre todo en Barranquilla y en municipios de la banda oriental como Santo Tomás, donde la siembra de mangos ayuda a sobrellevar las altas temperaturas.El mango siempre ha estado en la ciudadBarranquilla nunca dejó de ser una ciudad de mangos, aunque durante varios años esa imagen pareció diluirse entre nuevas urbanizaciones, avenidas y especies ornamentales que fueron reemplazando al viejo árbol frutal.Mercedes López lo recuerda con precisión desde el barrio San José."En esta cuadra había muchos mangos. El problema era cuando salían los muchachos del colegio. Les tiraban piedras para bajar la fruta, rompían tejas, partían vidrios y hacían una bulla tremenda. Algunos hasta se subían al árbol y dejaban todo lleno de ramas y hojas. Hubo vecinos que se cansaron y prefirieron cortar el árbol y sembrar otra cosa", recuerda la mujer.Finales de abril y principio de mayo es la temporada más alta del mango de azúcar.Foto:Leoherrera EL TIEMPO Durante años muchos mangos desaparecieron de patios y terrazas. Fueron reemplazados por palmeras, laureles, almendros o árboles de nim que exigían menos limpieza y evitaban conflictos con los vecinos.También desapareció otra imagen tradicional de Barranquilla: la de los vendedores de mango biche apostados frente a los colegios con sal, limón y pimienta. Poco a poco fueron cediendo espacio a los carritos de bolis, helados industriales y golosinas.Los días del mangoPero la naturaleza encontró su manera de regresar.Muchas semillas germinaron en lotes vacíos, separadores, parques y zonas verdes. A eso se sumó el programa de arborización impulsado por el Distrito, que ha convertido la siembra de árboles en una política permanente para recuperar sombra y reducir las altas temperaturas de la ciudad. El resultado es visible. Barranquilla volvió a llenarse de copas verdes y, entre ellas, miles de mangos que hoy hacen parte del paisaje cotidiano.En un islote del Caribe colombiano donde no vive nadie encontraron 830 residuos plásticos: casi ocho de cada diez eran botellas de bebidasLa Alcaldía de Barranquilla, a través del programa Siembra Más, ha superado la siembra de 200.000 árboles en la ciudad y tiene como meta llegar a 34.000 nuevos árboles sembrados para finales de 2026, hasta completar 100.000 plantas para finales de 2027. A cinco años, la proyección es sembrar 250.000 árboles en más de 200 puntos de la ciudad.Foto:Archivo Vanexa Romero/EL TIEMPOContenidoEl alcalde Alejandro Char ha insistido en que el crecimiento de Barranquilla debe ir de la mano del cuidado ambiental. "Cada árbol que sembramos representa vida, representa oxígeno y representa nuestro compromiso con el medioambiente", ha dicho el mandatario, quien subraya que el programa no se limita a la siembra, sino que incluye el mantenimiento, el riego y la atención fitosanitaria de cada especie.Una fuente de ingresosQuien observa el fenómeno únicamente desde la abundancia de fruta puede pasar por alto otra historia: la económica.Para Celedón Ballestas Cañas, doctor en Gestión Científica e Innovación y profesor del programa de Ingeniería en Agronegocios de la Universidad del Atlántico, el mango que crece en Barranquilla tiene un potencial que todavía está lejos de aprovecharse completamente.Foto:Leoherrera EL TIEMPOContenido"La mayor parte del mango que tenemos sembrado en Barranquilla es mango de hilaza. Hay otras variedades, pero ese es el que tiene mayor potencial comercial porque cumple con los grados Brix que necesita la industria para hacer transformación. Aquí mismo hay empresas que compran esa fruta para convertirla en pulpas que después terminan exportándose".El investigador explica que el valor del mango va mucho más allá de la fruta que llega a la mesa."Lo interesante no es únicamente la pulpa. También está la semilla, de donde se obtienen aceites especiales para fabricar jabones, cosméticos y otros productos. Es un árbol que todavía tiene muchas posibilidades de aprovechamiento industrial y económico".El Ideam mantiene alerta para todo el Caribe colombiano tras fuertes lluvias de las últimas horas: estas son las zonas con mayor riesgoEn Barranquilla, sin embargo, el mango sigue teniendo un destino mucho más sencillo.Se convierte en jugo durante el almuerzo. En dulce, cocinado lentamente en Semana Santa. En mango biche con sal, cuando todavía conserva el color verde. En tajadas que acompañan el desayuno. En bolsas que un vecino entrega al otro porque el árbol produjo más de lo que la familia puede consumir.En algunos barrios incluso aparecen pequeños vendedores improvisados que acomodan una docena de mangos sobre una mesa plástica o dentro de un balde. Los ofrecen a precios que oscilan entre los $3.000 y $8.000, dependiendo del tamaño y la variedad. Son ventas espontáneas que duran apenas unas semanas mientras la cosecha alcanza su punto máximo.Ballestas también recuerda que la temporada tiene una explicación biológica muy clara.Lo interesante no es únicamente la pulpaCeledón Ballestas Cañas​Profesor Universidad del Atlántico"La producción más importante ocurre entre abril y julio. Ahí se concentra cerca del 70 u 80 por ciento de toda la cosecha. Después aparece una segunda temporada mucho más corta hacia finales del año. Es un comportamiento normal del cultivo".Además de su sabor, el especialista destaca que el mango aporta vitamina C, vitamina A, fibra, antioxidantes, potasio y otros micronutrientes que fortalecen el sistema inmunológico, favorecen la digestión y ayudan al organismo cuando se consume de manera equilibrada.Atlántico avanza en dos corredores de doble calzada para conectar zonas industriales con las principales vías de exportaciónMientras los expertos hablan de agroindustria y valor agregado, la ciudad continúa viviendo el fenómeno desde otro lugar: el de la memoria.Porque cada mango que cae también despierta una historia. La del niño que aprendió a treparse a un árbol antes que a montar bicicleta. La del abuelo que enseñó a distinguir un mango de azúcar de uno de hilaza solo con el olor. La de las familias que llenaban ollas enteras preparando dulce para compartir con los vecinos.Barranquilla no necesita organizar un festival para celebrar el mango. La fiesta ocurre todos los días en silencio.El "tock" sigue escuchándose durante toda la mañana. Es un sonido que anuncia mucho más que la caída de una fruta. Es la confirmación de que, pese al crecimiento urbano, al cemento y al tráfico, Barranquilla todavía conserva la costumbre de compartir con un árbol que, generación tras generación, continúa regalando sombra, alimento y recuerdos.LEONARDO HERRERA DELGANS periodista de EL TIEMPO leoher@eltiempo.com y en X:@leoher70 Conforme a los criterios de MÁS INFORMACIÓN Unirme al canal de WhatsApp de noticias EL TIEMPO

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