Una investigación conjunta entre EL PAÍS, el diario alemán Correctiv, The Boston Globe, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia ha revelado documentos internos inéditos del Vaticano relacionados con casos de pederastia en la Iglesia católica. Estos archivos, pertenecientes al dicasterio de Doctrina de la Fe y al antiguo Santo Oficio, permanecen cerrados a investigadores y al público, y evidencian que la Santa Sede siempre tuvo más información de la que ha reconocido públicamente.
Los documentos más antiguos datan de los años treinta en Alemania, cuando la Iglesia ordenó destruir expedientes para evitar que cayeran en manos nazis, con la famosa instrucción: “Quemad todo”. Entre los casos más relevantes está el del futuro Papa Benedicto XVI, entonces prefecto de Doctrina de la Fe, quien en 1986 ya tenía conocimiento reservado de un sacerdote pederasta en Múnich que continuó abusando hasta 2010.
A pesar de múltiples solicitudes de información dirigidas al Papa León XIV y a las distintas instancias vaticanas, no se ha recibido respuesta oficial sobre el contenido de estos archivos. Sin embargo, el nuevo pontífice ha mostrado sensibilidad hacia las víctimas y ha apoyado la labor periodística, lo que podría abrir una puerta hacia la transparencia y el esclarecimiento del escándalo.
“Cada paso hacia adelante en este camino es un paso hacia Cristo y hacia una Iglesia más evangélica y auténtica”, señaló León XIV ante la Comisión Pontificia para la Protección de Menores.
Los documentos también revelan que durante décadas la Iglesia ocultó casos en varios países, como Portugal, Colombia, Estados Unidos e Italia, y que muchos de estos abusos fueron encubiertos incluso bajo el pontificado de Benedicto XVI. La cifra real de casos conocidos por el Vaticano es un misterio, pero se estima que supera ampliamente los registros públicos y los datos reportados a organismos internacionales.
En los años treinta, la comunicación entre el Vaticano y obispos era frecuente respecto a casos de pederastia, y la Iglesia centralizaba la instrucción de estos procesos. La anexión nazi de Austria en 1938 llevó a una orden urgente de destruir toda documentación comprometida sobre abusos para evitar que fuera usada en campañas de desprestigio contra la Iglesia.
Este oscuro capítulo de la historia eclesiástica evidencia un patrón de ocultamiento y negligencia sistemática que ha prolongado el sufrimiento de las víctimas y ha mantenido en secreto la magnitud del problema. La apertura y estudio de estos archivos serían un gesto histórico para la Iglesia y un paso decisivo hacia la justicia y la verdad.