Internacional

El viejo e indomable odio que perpetúa el conflicto en Oriente Próximo

El prolongado conflicto en Oriente Próximo refleja un odio arraigado que convierte a las víctimas en cifras abstractas, ocultando el sufrimiento humano y perpetuando la violencia entre comunidades enfrentadas.

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Foto: La voz del país

En la actual guerra entre Israel, Palestina y otros actores regionales como Irán, la precisión tecnológica y la capacidad destructiva se exhiben con crudeza, pero detrás de esta realidad se oculta un odio ancestral que alimenta la violencia constante.

Los nombres y rostros de las víctimas, como los de Farea Hamayel y su primo Thaer Hamayel, asesinados en Cisjordania, nos recuerdan que detrás de las estadísticas hay seres humanos con familias que mantienen vivo el recuerdo y el dolor.

Este ciclo de odio y venganza es comparable al relato de Juan Rulfo en 'Un hombre', donde la persecución y la obstinación por acabar con el otro se convierten en el motor de un conflicto sin fin, sin importar las causas originales.

La estrategia de los servicios secretos israelíes para eliminar a figuras clave del régimen iraní ejemplifica cómo esta lógica de 'subir por donde subieron y bajar por donde bajaron' se ha institucionalizado en la región.

“La paz real no se hace entre gobiernos, sino entre individuos que descubren que tienen las mismas preocupaciones, las mismas inquietudes, que han padecido el mismo sufrimiento y que ambos pueden aportar algo para una relación que beneficiará a todos.”

Estas palabras del rey Hussein de Jordania, tras el acuerdo de paz con Israel en 1994, parecen hoy lejanas y extrañas, en un escenario donde la persecución y el ajuste de cuentas parecen dominar la realidad.

La voz del país

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