La inteligencia artificial (IA) se encarece cada vez más, y las empresas empiezan a replantearse su entusiasmo por esta tecnología disruptiva. El boom inicial que impulsó su adopción masiva ahora enfrenta una realidad de costos crecientes, lo que obliga a las organizaciones a ajustar su uso y buscar alternativas más eficientes.
Este fenómeno, que afecta a sectores como la tecnología, la banca y la manufactura, ha llevado a muchas compañías a reevaluar sus inversiones en IA, priorizando aplicaciones con retorno inmediato y reduciendo gastos en proyectos experimentales.
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