Estados Unidos, el mayor productor mundial de petróleo, se enfrenta a una escasez inesperada de combustible que ha generado un aumento significativo en los precios de la gasolina y el diésel. Esta situación se debe principalmente a la guerra en Irán y al bloqueo del estratégico Estrecho de Ormuz, una vía crucial para el transporte de crudo.
El cierre temporal del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha reducido el suministro global de petróleo en aproximadamente 13 millones de barriles diarios, una cifra sin precedentes en la historia reciente. Esta interrupción ha elevado los costos energéticos y ha provocado un incremento inflacionario en Estados Unidos, alcanzando un 3.3% en marzo de 2026.
Aunque la producción estadounidense alcanzó un récord de cinco mil millones de barriles anuales en 2025, gracias a la técnica de fracturación hidráulica o fracking, la capacidad para aumentar la extracción es limitada. Gran parte del crudo producido es ligero, mientras que las refinerías del país están diseñadas para procesar petróleo pesado, que debe ser importado.
Expertos señalan que el fracking se vuelve rentable solo cuando los precios del barril superan los 62 a 70 dólares, y que la industria ha perdido flexibilidad tras 15 años de explotación intensiva. Además, el tiempo que tardan los buques petroleros en transportar el crudo desde Medio Oriente prolonga la inestabilidad en los mercados.
El presidente Donald Trump, impulsor de la política 'drill, baby, drill', ha declarado que Estados Unidos debe aprovechar su capacidad y tomar el control del Estrecho de Ormuz para garantizar el suministro. Sin embargo, la realidad muestra que la nación no puede aumentar su producción rápidamente para compensar la pérdida de crudo causada por el conflicto.
El aumento en los precios del combustible ha generado descontento social y afecta la popularidad del gobierno, especialmente con las elecciones de mitad de mandato acercándose. La dependencia de importaciones de crudo pesado, principalmente de Canadá, México y Venezuela, limita la autonomía energética de Estados Unidos.
“Estados Unidos está produciendo mucho petróleo, pero de un tipo muy específico y ligero, mientras que sus refinerías requieren petróleo pesado que debe importar”, explica Jorge León, vicepresidente de Análisis Geopolítico en Rystad Energy.
En conclusión, aunque Estados Unidos lidera la producción mundial de petróleo, enfrenta una crisis energética compleja debido a limitaciones técnicas, geopolíticas y de infraestructura que impiden una rápida respuesta al desabastecimiento global provocado por la guerra en Irán.