El envejecimiento de la población es una de las transformaciones demográficas con mayor impacto sobre la economía mundial. El aumento en la esperanza de vida y la disminución de las tasas de natalidad están modificando la estructura poblacional de muchos países y plantean retos para los sistemas de pensiones, salud y mercado laboral.
Mónaco, el territorio más envejecido del mundo
De acuerdo con datos del Banco Mundial, Mónaco es el territorio con la mayor proporción de habitantes de 65 años o más. El 36,1 por ciento de su población pertenece a este grupo etario.
En el segundo lugar aparece Japón, donde los adultos mayores representan el 29,7 por ciento de la población, una cifra que lo mantiene como la economía de gran tamaño con el mayor nivel de envejecimiento demográfico.
El tercer puesto lo ocupa Puerto Rico, con un 24,7 por ciento de su población de 65 años o más. Le siguen Italia, con 24,6 por ciento, y Portugal, con 24,5 por ciento.
Europa domina el top 10 de países envejecidos
El listado está dominado por países europeos. Grecia y Finlandia registran cada una un 23,9 por ciento de adultos mayores, mientras que Alemania alcanza el 23,2 por ciento. Croacia y la Isla de Man completan los primeros diez lugares, ambas con un 23,1 por ciento.
Este panorama refleja una tendencia que preocupa a economistas y organismos internacionales, pues una población cada vez más envejecida implica una reducción de la población en edad de trabajar y una mayor presión sobre el gasto público destinado a pensiones, atención médica y cuidados de largo plazo.
Colombia, en el puesto 96: todavía una población joven
Colombia, que ocupa el puesto 96, mantiene una población relativamente joven. Según las cifras del Banco Mundial, el 9,8 por ciento de sus habitantes tiene 65 años o más, una proporción considerablemente inferior a la observada en los países que lideran el ranking.
Sin embargo, las proyecciones demográficas muestran que el país también avanza hacia un proceso de envejecimiento impulsado por la reducción de los nacimientos y el aumento de la esperanza de vida, una transición que exigirá adaptar las políticas públicas y la planificación económica en las próximas décadas.