La imagen tradicional del alto directivo —seguro, imperturbable y siempre en control— empieza a resquebrajarse. Detrás de los balances financieros, las estrategias de crecimiento y las exigencias de los inversionistas, se incuba una crisis silenciosa: el agotamiento extremo de quienes dirigen las compañías.
Un diagnóstico que preocupa al mundo corporativo
El más reciente 'CEO Insomnia Index' de Boston Consulting Group (BCG), elaborado con cerca de 500 presidentes de empresas con ingresos superiores a 100 millones de dólares, evidenció que más del 70 por ciento de los altos ejecutivos reporta niveles de estrés considerados clínicamente altos. El promedio general alcanza 66,7 puntos sobre 100, una cifra por encima del umbral médico asociado al estrés severo.
La presión por crecer, bajar costos y responder a juntas directivas tiene a estos líderes al borde del colapso, lo que no solo afecta su salud, sino que también amenaza la estabilidad y el futuro de las grandes organizaciones que dirigen.
Siete de cada 10 altos ejecutivos de las grandes organizaciones reportan un estrés que podría ser diagnosticado como clínicamente alto.
El informe, que incluye a presidentes de compañías de diversos sectores y países, enciende las alarmas sobre la necesidad de implementar programas de bienestar corporativo que aborden la salud mental en los niveles más altos de la jerarquía empresarial.