El origen de un imperio nocturno
Más de dos décadas después de haber sido uno de los socios de La Piscina, el establecimiento que marcó una época en la zona de tolerancia del barrio Santa Fe, Omar Guzmán decidió contar su versión de la historia. Lo hizo en 'Fuego en la noche', un libro en el que reconstruye cómo nació el negocio, quiénes lo frecuentaban, las anécdotas que marcaron sus años de funcionamiento y la forma en que, según él, operaba uno de los prostíbulos más conocidos que ha tenido Bogotá.
De hotel en crisis a destino exclusivo
En entrevista con el pódcast 'Presunta Pola', Guzmán aseguró que nunca imaginó terminar administrando un establecimiento de este tipo. Explicó que, por entonces, se dedicaba al negocio del entretenimiento y de los espectáculos en vivo, hasta que encontró la oportunidad de adquirir, junto con otros socios, el antiguo Hotel Mediterráneo, ubicado en la calle 22 con avenida Caracas.
Según relató, la inspiración surgió durante un viaje a República Dominicana, donde conoció un hotel que combinaba hospedaje con espectáculos para adultos. La idea fue adaptar ese modelo a Bogotá. El antiguo hotel, que atravesaba una difícil situación comercial, fue transformado en un establecimiento que mezclaba shows en vivo, presentaciones artísticas, habitaciones y trabajadoras sexuales.
Queríamos hacer algo elegante, diferente a lo que existía en ese momento
Clientes de alto perfil y reservados especiales
Con el paso de los meses, La Piscina se convirtió en uno de los sitios más reconocidos del barrio Santa Fe y, según su exsocio, también en uno de los más exclusivos. Afirmó que el alto costo de los servicios hacía que la clientela estuviera conformada principalmente por personas con alto poder adquisitivo.
- Empresarios, ganaderos, esmeralderos, actores, futbolistas y políticos frecuentaban el lugar.
- Integrantes de grupos armados ilegales también acudían, según Guzmán, exclusivamente a divertirse.
- El negocio contaba con reservados especiales para proteger la identidad de clientes de alto perfil.
Todo el que tenía poder llegaba allá
Seguridad estricta y un atentado en la piscina
Otro de los aspectos que describe en su libro es la estricta seguridad que, según él, existía dentro del establecimiento. Explicó que todas las personas eran requisadas antes de ingresar y que no se permitía el ingreso de armas, sin importar el cargo o la influencia del visitante.
Sin embargo, reconoció que hubo episodios que escaparon al control del personal de seguridad. Uno de ellos ocurrió cuando hombres armados dispararon contra un cliente considerado de alto perfil. Guzmán recordó que los atacantes rompieron uno de los vidrios del establecimiento y realizaron varios disparos. Dos personas resultaron heridas en las piernas y el hombre al que, presuntamente, iba dirigido el atentado logró protegerse lanzándose a la piscina.
El modelo de negocio y el deterioro del barrio
Guzmán también defendió la organización interna del negocio. Explicó que los ingresos provenían principalmente de cuatro fuentes: la venta de licor, el alquiler de habitaciones, el servicio de restaurante y las llamadas 'multas', un cobro que se realizaba cuando un cliente contrataba a una trabajadora sexual para salir del establecimiento durante varias horas o incluso varios días.
Sobre el consumo de drogas, Guzmán sostuvo que los socios decidieron desde el comienzo mantener el negocio alejado del microtráfico. No obstante, reconoció que combatir esa práctica era una tarea compleja debido a la presencia permanente de expendedores en los entornos de la vida nocturna.
El exempresario lamentó además el deterioro que, a su juicio, ha tenido el barrio Santa Fe desde el cierre de La Piscina. Considera que la zona perdió el orden que existía durante aquellos años y que hoy enfrenta mayores problemas relacionados con el microtráfico y la delincuencia.
Todas esas historias, asegura, quedaron consignadas en 'Fuego en la noche', el libro con el que busca dejar registro de una etapa que, para bien o para mal, hizo parte de la historia de la vida nocturna bogotana.