La posesión presidencial de Abelardo De la Espriella no solo fue un acto protocolario, sino una puesta en escena cargada de simbolismo. La participación de un rabino, un pastor y un obispo, uno tras otro, no fue casualidad, según el profesor Hernán Olano, experto en derecho canónico de la Universidad Javeriana.
Un mensaje deliberado sobre el Estado y la familia
Para Olano, estas intervenciones construyeron un mensaje deliberado sobre qué tipo de Estado y qué tipo de familia quiere representar el nuevo mandatario. No se trató de un gesto de cortesía protocolaria, sino de una declaración de intenciones.
- La presencia de líderes de distintas confesiones religiosas en la ceremonia oficial.
- La bendición del avión presidencial por parte de un sacerdote, horas antes de la posesión.
- El énfasis en valores familiares y religiosos durante el discurso de investidura.
La educación no puede convertirse jamás en un instrumento de adoctrinamiento ideológico.
Estas señales podrían anticipar políticas públicas alineadas con una visión conservadora, donde la familia tradicional y la religión ocupen un lugar central en la agenda gubernamental.