La menopausia no solo marca el fin de la etapa reproductiva femenina, sino que también desencadena cambios hormonales que pueden comprometer la salud metabólica. Uno de los efectos menos conocidos es el aumento del riesgo de hígado graso, una condición caracterizada por la acumulación excesiva de grasa en el hígado, que puede aparecer incluso en mujeres que no consumen alcohol.
El papel protector de los estrógenos
En una entrevista con el programa 'Buen Día' de Teletica, la hepatóloga Ana María Vaquero explicó que la disminución de los estrógenos durante la perimenopausia y la menopausia reduce la protección natural del hígado. "El estrógeno promueve la disminución de la producción de grasa en el hígado", afirmó la especialista.
Según Vaquero, los estrógenos ayudan a reducir la grasa hepática, mejoran la sensibilidad a la insulina y favorecen una distribución más saludable de la grasa corporal. Sin embargo, al caer sus niveles, el riesgo metabólico se incrementa. "Después de los 40 años esta enfermedad es más frecuente en mujeres", aseguró.
Recomendaciones para reducir el riesgo
- Mantener una alimentación equilibrada, baja en grasas saturadas y azúcares refinados.
- Incorporar actividad física regular, al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado.
- Controlar el peso corporal y evitar el sobrepeso u obesidad.
- Realizar chequeos médicos periódicos, incluyendo pruebas de función hepática y ecografías abdominales.
- Evitar el consumo de alcohol y tabaco.
La especialista recomienda que las mujeres en etapa de perimenopausia o menopausia consulten a su médico para evaluar su salud hepática y adoptar medidas preventivas a tiempo. El diagnóstico temprano y los cambios en el estilo de vida son clave para evitar la progresión de la enfermedad.