Política

Ciencia en Colombia: el desafío silencioso del nuevo gobierno

Colombia invierte solo el 0,3% del PIB en ciencia y tecnología, muy por debajo del promedio de la OCDE. El nuevo gobierno enfrenta el reto de aumentar la inversión y convertir el conocimiento en motor de desarrollo.

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Foto: La voz del país

Como ocurre cada cuatro años, a partir ahora la conversación pública girará casi por completo en torno a la economía, la seguridad, la salud y la infraestructura. Son sin duda temas legítimos y urgentes para el gobierno entrante, pero entre ellos generalmente se pierde uno que aparece tímidamente en los discursos de campaña y que se desvanece apenas comienzan a gobernar: el relacionado con la ciencia, la tecnología y la innovación.

El verdadero reto del nuevo gobierno será demostrar con hechos, y no con retórica, que el conocimiento no es un lujo reservado para los tiempos de bonanza, y que en realidad representa una de las herramientas más poderosas para construir el país que queremos habitar dentro de algunas décadas.

La Misión de Sabios: una hoja de ruta que espera

En 2019, Colombia convocó la Misión Internacional de Sabios, un grupo de 47 expertos nacionales y extranjeros a quienes se les encomendó trazar una hoja de ruta para transformar al país en una sociedad basada en el conocimiento. El resultado fue un conjunto ambicioso de recomendaciones que proponía convertir la educación, la ciencia y la innovación en auténticos motores del desarrollo, articulando campos como la biodiversidad, la bioeconomía, las energías sostenibles, las industrias creativas, las ciencias básicas y del espacio, y las tecnologías convergentes.

Han transcurrido siete años desde entonces. Algunos avances se pueden mencionar, como la consolidación del Ministerio de Ciencia, que le dio al sector una visibilidad institucional que antes no tenía, y el crecimiento en el número de grupos de investigación, investigadores reconocidos y publicaciones científicas. Sin embargo, las cifras revelan que la gran deuda pendiente sigue siendo la misma de siempre: la inversión.

Inversión estancada: el 0,3% del PIB

Mientras las economías más innovadoras del mundo destinan entre el 2% y el 5% de su producto interno bruto a investigación y desarrollo, Colombia permanece rezagada con un gasto que, según datos del Banco Mundial y la UNESCO, ronda apenas el 0,3% del PIB, varias veces por debajo del promedio de los países de la OCDE y en descenso.

Esa brecha resulta especialmente inquietante en un momento en que el conocimiento se ha convertido en el principal factor de competitividad global. Las grandes transformaciones que reordenan la economía mundial —inteligencia artificial, computación avanzada, biotecnología, transición energética, observación de la Tierra desde el espacio, tecnologías cuánticas— están definiendo quiénes liderarán el siglo XXI, pero no a partir de discursos, sino con acciones reales.

Ventajas desperdiciadas

Colombia cuenta con ventajas extraordinarias: es uno de los países más biodiversos del planeta, dispone de inmensos recursos renovables, ocupa una posición geográfica privilegiada y tiene una población joven cada vez más familiarizada con la tecnología. No obstante, convertir esas ventajas en bienestar real exige apoyo decisivo a la investigación, oportunidades para la formación de talento al más alto nivel y una alianza genuina entre universidades, empresas y Estado.

Los desafíos ineludibles del nuevo gobierno

  • Aumentar de forma sostenida la inversión en ciencia para que deje de depender de los vaivenes políticos.
  • Abrir oportunidades para que miles de jóvenes investigadores construyan su carrera dentro del país en lugar de buscarla afuera, y para que la diáspora pueda regresar a aportar.
  • Impulsar una economía donde el conocimiento generado en los laboratorios llegue efectivamente a la industria y a la gente.
  • Pasar de firmar acuerdos a hacerlos efectivos con proyectos que involucren grupos de investigación y científicos.

Los frutos de la política científica no se cosechan en meses ni en años, sino a lo largo de décadas. Corea del Sur, Finlandia o Singapur no se convirtieron en potencias tecnológicas gracias a un gobierno afortunado, sino mediante políticas de Estado que sobrevivieron a los cambios de administración.

Esa es, tal vez, la lección más valiosa que nos dejó la Misión de 2019: que por encima de cualquier color político, Colombia necesita una estrategia de largo plazo capaz de perdurar. Porque los países que apuestan por el conocimiento producen más ciencia, pero también generan más riqueza, más bienestar y más oportunidades.

El nuevo presidente hereda una larga lista de problemas urgentes, pero entre todos ellos late silencioso el definir si Colombia seguirá exportando materias primas o si se atreverá a producir y exportar más conocimiento. Esa decisión, aunque rara vez ocupe los titulares, podría ser la más importante para el futuro del país.

SANTIAGO VARGAS, Ph. D. en Astrofísica, Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional.

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