Basilea, Suiza, reconocida por su emblemática feria de arte, ha visto una disminución significativa en la presencia de coleccionistas estadounidenses debido a los altos costos y restricciones de entrada. Este contexto ha llevado a París a competir por convertirse en la nueva sede principal de la franquicia Art Basel, buscando recuperar su legado histórico en el arte contemporáneo.
Según el informe The Art Basel and UBS Art Market Report 2026, el mercado global del arte alcanzó en 2025 un valor de 59.600 millones de dólares, mostrando un crecimiento del 4% después de dos años de contracción. Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado con el 44%, seguido por Reino Unido y China. Sin embargo, las tensiones geopolíticas y el aumento de costos logísticos afectan la dinámica del sector.
Impacto de la deserción estadounidense y la competencia entre ferias
La ausencia de coleccionistas estadounidenses en Basilea ha generado una competencia intensa entre ferias de arte, con París y Miami ganando protagonismo. Coleccionistas como Jorge Pérez han optado por asistir a estas nuevas sedes, dejando de lado la tradicional feria suiza. Este cambio refleja un reajuste en el mapa cultural y comercial del arte contemporáneo.
Paralelamente, las subastas tradicionales continúan creciendo, con Sotheby’s reportando ventas por 7.100 millones de dólares en 2025, un aumento del 18% respecto al año anterior. Las obras de maestros como Gustav Klimt lideraron las ventas, evidenciando un interés renovado en piezas históricas frente a la volatilidad del arte ultracontemporáneo.
Tendencias del mercado y perspectivas futuras
El segmento de arte ultracontemporáneo ha mostrado una desaceleración en los últimos años, mientras que los coleccionistas prefieren invertir en artistas consolidados con trayectorias históricas. La calidad y relevancia de las piezas ofertadas se consideran factores clave para entender el mercado, más allá de los volúmenes de venta.
Estados Unidos mantiene una posición sólida como motor del mercado del arte gracias a su riqueza acumulada, cultura de consumo, ecosistemas especializados y ventajas fiscales que facilitan la inversión y la filantropía. En contraste, países con regulaciones estrictas sobre patrimonio cultural enfrentan limitaciones en la circulación de obras.
“Estos informes son erróneos, ya que el mercado no se puede comprender solo por la cantidad de dólares o el número de obras vendidas año tras año. La calidad e importancia de las piezas ofrecidas en subasta es el factor más importante y eso resulta incuantificable.”
En medio de estos cambios, París apuesta por fortalecer su infraestructura cultural y posicionarse como un nuevo epicentro del arte, desafiando a la tradicional Basilea y adaptándose a las nuevas dinámicas del mercado global.