En el corazón de Moscú, bares y restaurantes que antes rebosaban de clientes ahora permanecen vacíos, con locales enormes reducidos a paredes blancas. La crisis económica, derivada del desgaste provocado por la guerra en Ucrania, ha golpeado duramente la capital rusa, transformando una ciudad conocida por su dinamismo y vida nocturna.
Según la consultora inmobiliaria CMWP, entre enero y febrero de 2026 cerraron al menos 125 cafeterías y restaurantes en Moscú, cifra que duplica la registrada un año atrás. Durante el último trimestre de 2025, otros 183 establecimientos echaron el cierre, y se estima que este año la cifra de cierres podría superar las 500 unidades, superando incluso los números de la pandemia de 2020.
Los carteles de "Zakrítiye magazina" (tienda cerrada) se han vuelto habituales en los centros comerciales más importantes. Encuestas realizadas por la Fundación de Opinión Pública y la Escuela Superior de Economía indican que un tercio de los pequeños empresarios rusos contemplan vender o cerrar sus negocios debido a la difícil situación.
“Hay dos tipos de humor entre los empresarios: están los pesimistas y los que ven esta crisis como la nueva normalidad. Poco se puede hacer, todos esperan que la guerra en Ucrania termine, pero parece que no será a corto plazo.”
El impacto económico se relaciona con el elevado gasto militar ruso, que consume cerca del 40% del presupuesto nacional, y con una serie de desajustes que han generado inflación, subida de impuestos y escasez de personal. Estos factores han tensionado a las empresas civiles y reducido el poder adquisitivo de los consumidores.
- Cierre de 16 cafeterías de la reconocida cadena Shokoládnitsa.
- Desaparición de tres restaurantes Black Star Burger.
- Locales emblemáticos en centros comerciales históricos como Chaijoná N.º 1 y Coffemania también cerraron.
- Los bares se vacían antes de la 1 a.m. por el encarecimiento del taxi, que subió un 70% entre 2022 y 2025.
La restauración enfrenta la doble presión de clientes con menor poder adquisitivo y proveedores que incrementan sus precios, lo que reduce los márgenes de ganancia y hace insostenible la operación de muchos negocios.
Mientras tanto, industrias como la automotriz también sufren. AvtoVAZ, fabricante del Lada, reportó una caída del 25% en ventas en 2025 y recortó sus previsiones para 2026. Aurus, productor de la limusina presidencial, suspendió proyectos por falta de fondos y dificultades para importar piezas, aunque niega un cierre definitivo.
En este contexto, sólo las industrias militares mantienen cierta fortaleza económica, evidenciando una economía rusa polarizada y en crisis que afecta principalmente al sector civil y al consumo cotidiano.