¡Enhorabuena, España! Es larga la lista de agradecimientos para el mejor equipo de fútbol del mundo, que ofreció tantos momentos de altísimo nivel futbolístico, que supo cargar de principio a fin con un rótulo de favorito que a muchos les pesa, que entendió el reto de hacer que una generación dorada no pase a la historia como una linda anécdota, sino como un orgulloso campeón.
España arrasó en la entrega de premios de Fifa tras ganar el Mundial: Rodri fue Balón de Oro; Unai Simón, Guante de Oro; y Cubarsí, el mejor joven.
Hay que tener personalidad para enfrentar al ídolo de casi todos los jóvenes campeones, Lionel Messi, y mostrarle su respeto bajándolo del póster y reduciéndole en una cancha. Ver llorar al mejor del mundo es otro de los méritos de los nuevos reyes del fútbol mundial.
Hay que tener talento para levantarse de un tropiezo contra el débil Cabo Verde y crecer al punto de darle un repaso a un equipazo de la categoría de Francia y someter a un campeón mundial, sin llegar a necesitar de la mejor versión de su mejor hombre, Lamine Yamal. Es la prueba viva de que “nadie es más fuerte que todos juntos”.
Hay que tener el pulso en una federación nacional para creer, flaqueando pero no dudando, en un proceso que es lo que al final se ha coronado en Nueva Jersey: el de un entrenador como Luis de la Fuente que formó a varios de los chicos que levantan el trofeo (incluso al técnico rival) creyendo en una idea por encima de toda tendencia. Y tal vez sea esa la gran lección que deja al mundo esta rutilante selección de España.
Los países que aspiran a los títulos los siembran en las categorías inferiores y los cosechan en las de mayores y son un solo cuerpo en formación, en entrenamiento, en idea de juego, en manejo, en confianza, en la dificultad del día a día. No se aprende nada en un mes de concentración ni en cinco semanas de competencia que no se traiga ya desde las bases.
Y ahí es donde duele todo lo que le duele a Colombia, donde cada nivel es una isla independiente de la otra, donde mandan los intereses particulares por encima de los nacionales, donde cada ficha tiene su dueño.
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