Un operativo sin precedentes para incentivar la salida voluntaria
Desde marzo de 2025, la administración Trump implementó el programa de “autodeportación voluntaria” a través de la aplicación CBP Home, ofreciendo a migrantes indocumentados vuelos comerciales de regreso a sus países y un estipendio inicial de 1.000 dólares, que luego aumentó hasta 2.600 dólares. La iniciativa buscaba acelerar la salida de personas sin estatus legal, pero ha generado controversia y denuncias de engaños.
El drama de los deportados: entre la cárcel y la incertidumbre
Luis Andrés Monterroso López, deportado en diciembre de 2025, relata su llegada a Guatemala tras estar detenido en Texas: “Ni a los animales los tratan así. Vine amarrado de pies y manos”. Aunque firmó la salida voluntaria motivado por salir de la cárcel y no por el dinero, recibió instrucciones para cobrar 1.000 dólares que nunca llegaron a tiempo. Tras meses de espera, logró cobrar 2.600 dólares con un retraso de más de dos meses.
Otros deportados como Eric y Juan Gaspar denuncian que, aunque les prometieron compensaciones de hasta 3.000 dólares, no recibieron información ni acceso para cobrar el dinero, evidenciando un sistema que presiona psicológicamente para renunciar a defender sus casos migratorios en tribunales.
Un sistema de presión disfrazado de incentivo
Carlos Valenzuela, abogado de inmigración en EE.UU., explica que la promesa económica funciona como un mecanismo de coacción para que los detenidos firmes su salida voluntaria, a pesar de que pocos logran cobrar el estipendio y muchos permanecen detenidos meses antes de la deportación. Además, se les induce a creer que podrán regresar legalmente, lo cual es falso y puede implicar prohibiciones de hasta 10 años.
“Se presenta el dinero como un incentivo, pero en la práctica es un mecanismo de presión psicológica para que renuncien a defender su caso.”
La realidad en Guatemala: decepción y lucha por rehacer la vida
Cada día aterrizan en el aeropuerto La Aurora decenas de deportados que llegan con la esperanza de comenzar de nuevo. Sin embargo, pocos aceptan la idea de haber sido “autodeportados” por un bono económico, y muchos no confían en la promesa del pago. Graciela, una joven guatemalteca, afirma que su abuela prefirió pagar su propio boleto para regresar y no aceptar el dinero ofrecido.
Luis Andrés Monterroso, tras meses de espera, abrió un taller mecánico con sus ahorros y la bonificación de ICE. Aunque reconoce que el dinero recibido equivale a menos de un mes de trabajo en EE.UU., intenta reconstruir su vida en su país natal con creatividad y esfuerzo.
“Yo quería salir de la cárcel, no de EE UU.”
Una estrategia cuestionada por organizaciones y expertos
Organizaciones como Otros Dreams en Acción critican el uso del término “autodeportación”, pues implica una voluntariedad que no existe al estar bajo presión y detención. Señalan que esta práctica es parte de una estrategia de crueldad contra migrantes, dificultando el cobro del estipendio para desincentivar su defensa legal y su permanencia en EE.UU.
La falta de transparencia sobre cuántos migrantes realmente cobran el bono, y la ambigüedad en los documentos oficiales, generan dudas sobre el alcance y justicia del programa, que en la práctica puede dejar a muchas personas en situación de vulnerabilidad tras su regreso.