Cultura

La divinización de Rosalía: un concierto/ritual en el Movistar Arena

Óscar Acevedo analiza el concierto de Rosalía en Bogotá, destacando la escenografía con forma de crucifijo, las alas de plumas y la mezcla de flamenco, electrónica y pop. Una reflexión sobre la sacralización de la artista.

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Foto: La voz del país

La singular cantante Rosalía trajo su descomunal tropa de 90 personas a una gira por Suramérica que incluyó dos fechas en Colombia. El sábado pasado presencié abrumado su concierto/ritual en el Movistar Arena junto a una multitud de seguidores disfrazados de Rosalías (y Rosalíos) con rebozos, camándulas y vaporosas túnicas blancas, atuendos muy apropiados para esta escenificación multidisciplinar.

Una puesta en escena cargada de simbolismo religioso

Ya puede adivinar el lector como predomina la parafernalia religiosa en el lenguaje visual de este montaje, que incluye una tarima en forma de crucifijo donde se ubica la orquesta. El vestuario cuenta con coronas blancas en la cabeza de la protagonista y unas alas de plumas enormes para un momento crucial del concierto. De la escenografía limpia y simbólica llaman la atención las escaleras blancas por donde ascienden los bailarines y trasciende Rosalía hacia las alturas.

Las pantallas gigantes muestran una cámara intrusa que la sigue permanentemente por todo el escenario haciendo primeros planos de la cantante y de sus poses sugestivas. Ocasionalmente hay planos generales del cuerpo de baile. Este recurso consigue elevarla a un nivel de diosa que protagoniza y encarna los textos punzantes y francos de sus canciones.

Rosalía es una creadora recursiva que toma riesgos y personifica la divinización de sí misma, con un carácter y una naturalidad envidiables.

Fusión musical y coreografías memorables

La receta musical incluye flamenco, clásica, electrónica y pop en una cargada convivencia sonora donde predominan los profundos bajos y bombos que sacuden el edificio entero. Algunos sonidos del computador sincronizado sobresalen a ratos. Otras veces unos divertidos samples robóticos de la voz encajan de maravilla. Pasa del árabe al italiano, al español, a la jerga juvenil ibérica y al catalán sin que tantos idiomas afecten la comprensión, ya que la traducción aparece en una pantalla. Esa multitud de idiomas transmite inclusión y pluralismo al oyente.

En un momento muy cautivante, los danzantes la cubren y la enmarcan con largos guantes blancos que se mueven formando círculos a su alrededor. Esta coreografía magistral me recordó al colectivo La Fura del Baus, con quienes Rosalía trabajó en sus inicios. El reiterado uso del falsete en su voz tiende a aplanar la expresividad de sus ingeniosas letras, ya que esta técnica vocal no permite la variedad expresiva que sí da la voz plena en su registro natural.

La voz del país

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