Mientras las autoridades enfrentan los efectos visibles de la violencia juvenil en las calles, la investigadora Shirley Delgado invita a mirar las causas profundas del fenómeno. En una entrevista exclusiva, Delgado analiza cómo las fronteras invisibles en algunos barrios de Barranquilla y los municipios del área metropolitana alimentan las confrontaciones entre jóvenes.
El origen social de las fronteras invisibles
Según Delgado, las fronteras invisibles no son solo divisiones geográficas, sino construcciones sociales que responden a la exclusión, la falta de oportunidades y el abandono estatal. 'Los jóvenes no nacen violentos; la violencia es una respuesta a un entorno que les niega un futuro', afirma la investigadora.
Las respuestas al fenómeno deben ir más allá de las estrategias de control y abordar las causas sociales. Mientras no se invierta en educación, empleo y espacios de recreación, las fronteras seguirán cobrando vidas.
Más allá del control policial
Delgado critica que las autoridades se centren en operativos de seguridad sin atender las raíces del problema. 'Cada vez que se refuerza la vigilancia en un sector, la violencia se desplaza a otro. Es un juego del gato y el ratón que no resuelve nada', sostiene.
- Falta de oportunidades laborales y educativas para los jóvenes.
- Estigmatización de barrios enteros por parte de la sociedad y las autoridades.
- Presencia de economías ilegales que ofrecen ingresos rápidos.
- Ausencia de espacios públicos seguros para la recreación y el deporte.
Un llamado a la acción integral
La investigadora concluye que la solución requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a la comunidad, las instituciones educativas y el sector privado. 'No se trata solo de quitar a los jóvenes de las calles, sino de darles razones para estar en otro lugar', puntualiza.