Detrás de la mayoría de las pequeñas y medianas empresas (pymes) de Colombia hay mucho más que balances financieros, ventas y estrategias comerciales. Hay familias enteras que dependen de estas, emprendedores que arriesgaron sus ahorros para ponerlas en marcha y propietarios que cargan cada día con la responsabilidad de mantenerlas funcionando en medio de un entorno económico cada vez más desafiante.
Dos estudios recientes, uno realizado por la multinacional de pagos Visa en ocho países de América Latina y otro elaborado por Chubb en Colombia, coinciden en que para buena parte de las pymes, el principal desafío ya no es crecer aceleradamente, sino garantizar su supervivencia y asegurar la continuidad de sus operaciones.
Los cuatro desafíos que ponen a prueba a las pymes
- Acceso a financiamiento: La falta de crédito y las altas tasas de interés limitan la capacidad de inversión y capital de trabajo.
- Presión inflacionaria: El aumento de costos de insumos y materias primas reduce los márgenes de ganancia y obliga a ajustar precios.
- Incertidumbre regulatoria: Los cambios en políticas tributarias y laborales generan inestabilidad y dificultan la planeación a largo plazo.
- Talento y digitalización: La dificultad para encontrar personal calificado y la necesidad de adoptar tecnología sin recursos suficientes frenan la competitividad.
Según los informes, más del 95% del tejido empresarial colombiano está conformado por pymes, lo que las convierte en el motor de la economía nacional. Sin embargo, su fragilidad ante estos obstáculos pone en riesgo no solo su existencia, sino también el empleo y el sustento de millones de familias.
El principal desafío ya no es crecer aceleradamente, sino garantizar la supervivencia y asegurar la continuidad de las operaciones.