Un crimen que estremeció a Colombia
El sábado 7 de junio de 2025, a las 5:30 de la tarde, Colombia vivió su primer magnicidio en casi 30 años. El senador Miguel Uribe Turbay, una de las voces más críticas del gobierno de Gustavo Petro, fue baleado durante un mitin político en el barrio Modelia, en Bogotá. Un sicario menor de edad logró acercarse a tres metros de la víctima sin que el esquema de seguridad asignado por el Gobierno detectara el peligro.
Miguel Uribe resistió dos meses en la Fundación Santa Fe, rodeado de su familia y bajo el cuidado de los mejores médicos del país. Falleció el 11 de agosto de 2025, tras 65 días de lucha. Su muerte lo colocó en la lista de dirigentes políticos asesinados en Colombia, junto a Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez Hurtado.
Las investigaciones: de la pista inicial a la ‘Segunda Marquetalia’
Desde el primer momento, 250 agentes del CTI de la Fiscalía e investigadores de la Policía asumieron el caso. Las pesquisas establecieron que el atentado tuvo claras motivaciones políticas. La fiscal delegada para la Seguridad Territorial, Deicy Jaramillo, señaló que el objetivo era desestabilizar al país, y que los responsables pertenecen a la ‘Segunda Marquetalia’, una disidencia de las FARC que ya había sido condenada por delitos contra la familia Turbay.
La investigación, liderada por la fiscal Elsa Reyes, apunta a Luciano Marín, alias Iván Márquez, y a otros integrantes de la ‘Segunda Marquetalia’. Se prepara una imputación contra siete miembros de la disidencia, entre ellos José Sierra, alias El Zarco Aldinever, quien habría dado la orden final del atentado. La red delictiva, con base en Bogotá, siguió a Uribe Turbay durante meses antes del ataque.
Nueve capturas y una red de sicarios desmantelada
Hasta la fecha, se han realizado nueve capturas en distintas fases de la investigación. Los detenidos incluyen a Carlos Eduardo Mora, Katerine Martínez, William González, Elder José Arteaga, Cristian Camilo González, Harold Barragán, Jhorman David Mora y Simeón Pérez. Cada uno participó en distintas etapas del plan criminal, desde el seguimiento y perfilamiento de la víctima hasta la ejecución del atentado.
El sicario menor de edad, que disparó con una pistola Glock 9 mm alterada para mayor letalidad, fue aprehendido por los escoltas de Uribe Turbay y colaboró con la justicia. Su testimonio, junto con el de otros capturados, permitió desmantelar la red. Sin embargo, Elder José Arteaga, alias Chipi, señalado como coordinador de la red sicarial, no ha colaborado, y la familia de la víctima pide que no se le rebaje la pena.
Las preguntas que aún no tienen respuesta
A pesar de los avances, persisten dudas sobre la reducida seguridad de Miguel Uribe. La familia cuestiona la actuación de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y su jefe, Augusto Rodríguez, quien podría ser vinculado al caso por supuestas omisiones. Además, el paradero de Iván Márquez y otros cabecillas sigue siendo incierto, aunque fuentes de inteligencia los ubican en Venezuela.
La caída del dictador Nicolás Maduro y el cambio de actitud del régimen venezolano abren la posibilidad de que la justicia colombiana pueda ahondar en los movimientos de la ‘Segunda Marquetalia’. Uno de los primeros puntos a esclarecer es si realmente, como lo afirmó el Gobierno, tanto Iván Márquez como El Zarco Aldinever están muertos.
“Lo mataron para que no fuera el presidente, él estaba hablando muy duro contra los criminales, era muy incómodo para ellos”, afirmó su padre, Miguel Uribe Londoño.
El legado de un hombre bueno
María Claudia Tarazona, viuda de Miguel Uribe, dice que cada día se levanta con la duda de cómo explicarle a su hijo Alejandro la magnitud de la pérdida. Su padre, Uribe Londoño, recuerda a su hijo como “un hombre bueno” y afirma que su legado político es imborrable. La familia y el país esperan que la justicia llegue a todos los responsables, incluidos los que dieron la orden desde la sombra.