Cuando el 2 de diciembre de 2010 Joseph Blatter extrajo de un sobre una tarjeta blanca, la miró y dijo “Para organizar el Mundial 2022 el elegido es… Catar”, una ola de asombro y estupor recorrió los caminos del fútbol. El diminuto emirato sin tradición futbolera, lejano a los centros del poder y de 2,6 millones de habitantes se comprometía a acometer la gigantesca empresa que significa el mayor evento contemporáneo.
¿Podría…? La perplejidad aumentaba porque había vencido en la puja a Estados Unidos. Por territorio, Catar entra 845 veces en el país de Washington y por población 185. ¿Qué había pasado…? “Compra de votos”, se dijo. Su única ventaja era que tenía 12 años por delante para montar el torneo con todos sus resortes colaterales. En todo ese tiempo intentaron quitarle la designación por diversas causas, pero los supuestos arreglos en la elección no pudieron comprobarse, el tiempo fue pasando, las obras cataríes avanzando y, con el Mundial a la vista, ya no hubo cómo voltearlo: Catar 2022 se hizo realidad.
Un montaje sin precedentes
¡Y vaya realidad…! País, organización, público y fútbol. En los cuatro ítems que componen una Copa del Mundo, Catar sacó diez sobre diez. Será muy complicado superar eso, y muy improbable que pueda igualarlo un torneo monstruoso y extendido como el de Estados Unidos, Canadá y México, con 48 equipos y 16 ciudades distantes miles de kilómetros unas de otras. Contra todo, Catar 2022 fue grandioso. Fue el primer Mundial que no se disputó a mitad de año sino entre noviembre y diciembre. Se corrió para jugarlo en la época de menos calor. Igual, los estadios estaban refrigerados.
El montaje fue óptimo: un Mundial de excelencia, como si hubiese hecho varios anteriormente, nada falló, cero improvisación. Un año antes contrataron expertos internacionales en todas las áreas que componen una organización de este porte: estadios, hotelería, transporte, seguridad, boletería, turismo, protocolo, prensa, centros de entrenamiento, campos de juego. Lo había anticipado Batistuta, quien jugó allí: “Dos cosas son seguras, todo estará perfecto y será muy cómodo, en media hora se va de un estadio a otro”. Tal cual. Y todo estuvo pronto desde el primer día.
La final más emocionante de la historia
Cuando Blatter extrajo aquella tarjeta en 2010, Lusail era parte del desierto, sólo una extensa porción de arena a la que concurrían pescadores locales. El 18 de diciembre de 2022 ya lucía como una impactante ciudad, en cuyo fantástico estadio se disputó la final, la mejor de la historia, por cierto: 3-3. Una exhibición lujosa y aplastante de Argentina durante 80 minutos. Pero cuando despertó Mbappé se desató la tormenta perfecta. Las finales salen siempre calculadas, sin asumir riesgos, sin embargo, Scaloni fue a ganar de entrada y se dio un volcán de emociones. Para el hincha neutral resultó formidable. Seis goles, tiempo extra, penales y una docena de situaciones dramáticas frente a los arcos.
“Hemos visto el partido en familia bordeando el infarto” — Mensaje de WhatsApp de un amigo boliviano.
El impacto de Messi y el legado del torneo
La estrella del torneo, Lionel Messi. Brilló alto. Con 35 años y medio (a esa edad medio año cuenta) en lugar de elegir el retiro se preparó física y mentalmente como nunca para llegar y ganar el título. Dejó todo en pos del objetivo. Y lo logró. Siete goles en siete partidos, tres asistencias, jugó los 690 minutos que estuvo Argentina en campo, más otros 90 de tiempo adicionado. Y fue la mente, el cuerpo y el alma del campeón. Se recordará siempre como “el Mundial de Messi”. Argentina cayó en el debut ante Arabia Saudita y en el siguiente juego empataba 0-0 con México jugando mal. Pero a los 63 minutos Messi marcó un gol colosal, ganaron 1 a 0 y la Albiceleste se encaminó al título. Ahora sí Leo se había situado junto a Pelé y Maradona como los tres mejores de la historia.
- Dibu Martínez (Argentina)
- Hakimi (Marruecos)
- Cuti Romero (Argentina)
- Otamendi (Argentina)
- Alphonso Davies (Canadá)
- Ounahi (Marruecos)
- Modric (Croacia)
- Mac Allister (Argentina)
- Bellingham (Inglaterra)
- Messi (Argentina)
- Mbappé (Francia)
Catar marcó el adiós de las selecciones pequeñas al respeto casi reverencial por las más grandes. Arabia Saudita derrotó a Argentina, Japón a España y Alemania, Túnez a Francia, Australia a Dinamarca, Marruecos a Bélgica y eliminó a España… Más allá del resultado, impactó la forma desenvuelta y decidida como salieron a enfrentar a rivales en apariencia superiores. Pueden ganar o perder, pero ya les juegan sin complejos.
Se marcaron 172 goles, la máxima cifra en los 22 Mundiales. Se mejoró el promedio de las seis ediciones anteriores: 2,68 por juego. Se vieron partidos espectaculares, juego veloz, de notable intensidad y con una prestación física fabulosa. Nadie paró de correr. Y ahora los partidos no duran 90 minutos. En la final, entre regular y extra, hubo 21 minutos de tiempo adicional. O sea, 141 minutos más los penales. Y podían seguir.