Un operativo sin precedentes en la relación entre el Gobierno Nacional y las Fuerzas Militares se vivió tras el cruce público entre el presidente Gustavo Petro y el general Juan Oduber Rendón el pasado 7 de abril en Cali.
Durante un evento sobre formalización minera en el Centro de Eventos Valle del Pacífico, el mandatario reprendió al comandante de la Tercera Brigada frente a asistentes y cámaras, afirmando: “Usted me tiene que escuchar, ¿me entiende?, porque yo soy su comandante”.
Además, Petro acusó a varios generales de estar involucrados en mafias del oro, generando gran controversia y preocupación en el sector castrense.
Las asociaciones de militares retirados y de la reserva activa, como la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares (Acore), emitieron un comunicado en el que califican el regaño como un 'espectáculo' que erosiona la institucionalidad y la dignidad del uniforme.
- Pérdida de autoridad moral del comandante humillado ante sus tropas.
- Uso político inapropiado de la disciplina militar para audiencias políticas.
- Golpe a la moral combativa de los soldados que sienten que su sacrificio es instrumentalizado.
- Debilidad en el mando que refleja inseguridad del líder que humilla para demostrar poder.
El general Oduber Rendón fue reprendido mientras monitoreaba una operación contra disidencias en Jamundí, Valle del Cauca, donde dos militares resultaron heridos y se enfrentan frecuentes ataques con drones.
“No es solo un acto de autoridad; es, fundamentalmente, un error de liderazgo que fractura la delicada relación entre el poder civil y el estamento militar”, afirmó Acore en su pronunciamiento oficial.
Este episodio ha generado un debate sobre el respeto a la cadena de mando y la importancia de mantener la moral y cohesión dentro de las Fuerzas Militares en momentos de alta complejidad operativa.