Una ventaja que no da certezas
En una final, nadie se siente campeón sin jugar. Los 90 minutos finales son los decisivos. Junior llega a Medellín con una distancia enorme de 3-0, una ventaja que le da mucha tranquilidad, pero no se confía. No puede. Nacional lo espera con heridas abiertas, con rabia y furia en la mirada de cada jugador, y todos parecen dispuestos a vengar el agravio de Barranquilla. En el Atanasio Girardot se sabrá si ese equipo verde es capaz de remontar y arrebatarle al Tiburón una estrella que tiene entre manos (5 p. m. TV de Win +).
La experiencia de Junior frente a la furia verde
Junior sabe por experiencia que aún no puede celebrar, que tiene el título cerca, pero aún no lo puede certificar. Sin embargo, su ventaja es tan amplia y su técnico Alfredo Arias es tan sagaz que va a ser difícil que se dejen quitar ese premio. Junior va a jugar en un infierno, pero con la comodidad del resultado. Va a enfrentar la furia de la afición humillada, pero el tiempo juega a su favor. Cuando el cronómetro empiece a rodar, la angustia y los nervios serán del rival. Es el castigo de Nacional por tan decepcionante actuación en Barranquilla.
Estando concentrados, bien ubicados, con los pies sobre la tierra, porque no hemos ganado nada.
Pero la motivación en Junior es tan grande como toda Barranquilla. Se trata de revalidar el partido perfecto que hicieron en la ida. Se trata, también, de buscar el bicampeonato, eso no es usual, eso no es coincidencia. Ganar dos campeonatos seguidos es una muestra de fortaleza. Junior llega con su banda, con un Muriel que se acordó de que era Muriel en el momento definitivo: fue la figura, una de las figuras, del partido de ida. Con su experiencia internacional, Muriel no se deja llevar por la emoción.
Importante el paso, es un resultado que cualquiera hubiera soñado antes del partido, pero falta un partido, hay que recuperarnos e ir a buscar ese partido y tratar de mantener el resultado y conseguir el título que tanto anhelo yo y el equipo, el bicampeonato, que tanto se ha trabajado.
La hazaña que Nacional persigue
Nacional volvió a su casa demolido. El gigante verde regresó hecho trizas. Nadie en el club se esperaba semejante derrota. No imaginaban verse sometidos y superados como les pasó en Barranquilla. Hubo pesimismo general, la nación verdolaga alcanzó a llorar una estrella escapada, pero ese duelo les duró muy poco. Los jugadores procesaron la derrota y se levantaron, con la convicción de que esto no ha terminado. Prometen sacudirse, quieren venganza, quieren demostrar que en su estadio pueden revertir el golpe, empujados por una afición que no ha perdido la esperanza.
Estaremos con nuestra gente y esperamos mostrar una versión más cercana a la ilusión que tenemos como equipo. Estoy seguro de que con nuestra gente viviremos un gran partido. Nos estamos acercando a los objetivos que tenemos. En el Atanasio, con el estadio lleno, viviremos un partido que nos acerque al título.
Nacional apela a la historia. A la recordada final del 2004, cuando Junior ganó 3-0 en la ida y llegó a Medellín confiado. El verde le ganó 5-2 y, aunque perdieron luego por penaltis, la historia demostró que las finales no se permiten predicciones. En una final todo es posible. Capaz que Junior sale, controla, maneja el ritmo, porque sabe hacerlo, capaz que hasta hace otro gol y liquida el sueño verdolaga. Pero también es posible que Nacional saque a relucir su casta, sus colores, su esencia, su poderío, y empiece a igualar la balanza pero con goles, que eso es lo que necesita: la épica no se logra con buenas intenciones.
El que crea que la final está definida, desconoce la mística de este deporte. Sus azares. El fútbol está hecho de revanchas, de remontadas, de hazañas improbables. También, por supuesto, de cierta lógica: si Junior no pierde la calma, tiene todo a su favor para lograr su soñado bicampeonato.