Desde hace años se discute cómo mejorar la movilidad del borde norte de Bogotá y su conexión con Sabana Centro. La ampliación de la autopista Norte y la extensión de TransMilenio hasta el límite de la ciudad han logrado avanzar.
El componente pendiente es el Regiotram del Norte, hoy llamado Tren de Zipaquirá, un proyecto que no ha salido adelante como estaba previsto y que evidencia un problema de gobernanza entre Bogotá, Cundinamarca y la Nación.
Un proyecto que se descarrila por la falta de acuerdo
El Tren de Zipaquirá, concebido originalmente como parte integral del sistema Regiotram, enfrenta retrasos y desacuerdos que han dejado a Bogotá al margen de las decisiones clave. Mientras la Gobernación de Cundinamarca impulsa su propia visión, la capital parece haber perdido peso en la planificación regional.
El problema no es solo quién gana la discusión, sino qué tipo de ciudad y de región se está construyendo.
La ausencia de una gobernanza metropolitana efectiva ha permitido que cada entidad tire para su lado, retrasando una solución que beneficie a los millones de usuarios que se desplazan a diario entre Bogotá y los municipios de Sabana Centro.
El impacto en la movilidad regional
Sin el tren, la presión sobre la autopista Norte y el sistema de transporte público seguirá creciendo. La extensión de TransMilenio hasta el límite urbano es una medida paliativa, pero no resuelve la conexión con Zipaquirá, Cajicá o Chía, que requieren un modo ferroviario eficiente.
- Ampliación de la autopista Norte: avances limitados frente a la demanda.
- Extensión de TransMilenio: llega hasta el límite de la ciudad, pero no integra la región.
- Regiotram del Norte (Tren de Zipaquirá): estancado por falta de acuerdos interinstitucionales.
La lección es clara: mientras no se construya una institucionalidad regional que trascienda los intereses locales, proyectos como el Tren de Zipaquirá seguirán siendo una promesa incumplida.