Uno de los fenómenos más sorprendentes del actual proceso electoral es la virtual desaparición del centro político. Encuestas recientes, como la Polimétrica de fines del año pasado, indicaban que un 45 por ciento de los colombianos se consideraban de centro, lo que convertía a esa vertiente política en la mayoritaria en el país. Sin embargo, ese segmento del espectro político solamente representó alrededor de 10 por ciento de los votos en la primera vuelta presidencial, y parece estarse diluyendo a pasos acelerados a medida que se aproxima la segunda.
Resultados como este no son exclusivos de Colombia, sino que son propios de la tendencia a la polarización que caracteriza la política contemporánea. Lo interesante de esto es que la radicalización de los resultados de las urnas parece obedecer cada vez más a emociones básicas, como el miedo o el odio, mientras las convicciones políticas de los electores de centro se mantienen firmes y siguen siendo más o menos las mismas.
Esto significa que, pasado el frenesí de las elecciones, el centro político puede seguir siendo un firme fiel de la balanza, muy necesario en momentos en que una parte importante del país está cada vez más fracturada.
El centro político es necesario para construir puentes en una sociedad fracturada. Su supervivencia es clave para evitar que el miedo y el odio sigan dominando la agenda.
Claudia Palacios y Vladdo conversan sobre el miedo y la dificultad de encontrar puntos de encuentro en una Colombia cada vez más polarizada. La entrevista completa se puede leer en el enlace proporcionado.