Los arándanos suelen llamar la atención por su intenso color azul, pero también por una fina capa blanquecina que recubre su superficie. Para muchos consumidores, esa apariencia genera desconfianza y puede confundirse con restos de suciedad, pesticidas o incluso moho.
La pruina como escudo natural
Lejos de ser un defecto, esta capa blanca, conocida como pruina, es una cera natural que la propia fruta produce para protegerse. Actúa como una barrera contra la pérdida de humedad, la deshidratación y el ataque de microorganismos, ayudando a que los arándanos se conserven frescos por más tiempo.
Un indicador de frescura
La presencia de la pruina es, de hecho, un signo de que los arándanos han sido manipulados con cuidado y están en buen estado. Cuando la capa se desgasta o desaparece, suele ser señal de que la fruta ha sido lavada o ha sufrido roce excesivo, lo que acelera su deterioro.
Recomendaciones para el consumidor
Los expertos recomiendan no lavar los arándanos hasta justo antes de consumirlos, para preservar esta capa protectora. Al comprarlos, es preferible elegir aquellos que aún conservan la pruina visible, lo que garantiza mayor frescura y durabilidad en casa.