El próximo presidente de Perú heredará uno de los cargos más inestables de América Latina. En un país que ha tenido nueve mandatarios en diez años, el desafío no será únicamente gobernar una economía golpeada o responder al malestar social, sino convivir con un Congreso que ha demostrado tener la fuerza suficiente para poner fin a presidencias enteras.
Este domingo, Perú elige entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez. Ambos candidatos saben que, más allá de ganar las urnas, el verdadero reto será sortear la permanente amenaza de un Legislativo que ha convertido la vacancia presidencial en un mecanismo casi rutinario.
El Congreso peruano tiene un historial de derribar presidentes. La fragmentación política y la falta de mayorías sólidas han convertido al Ejecutivo en un blanco constante de mociones de censura y procesos de vacancia.
Analistas políticos advierten que, sin importar quién gane, la gobernabilidad será frágil. La polarización entre el fujimorismo y la izquierda, sumada a un Congreso atomizado y con intereses particulares, podría repetir el ciclo de crisis institucional que ha marcado a Perú en la última década.