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Trump, el europeísta involuntario que impulsa la unidad del continente

El presidente estadounidense Donald Trump, con su actitud impredecible, ha provocado en Europa una creciente desconfianza hacia EE.UU., impulsando un debate profundo sobre la necesidad de que la Unión Europea fortalezca su defensa y autonomía tecnológica.

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Foto: La voz del país

La figura de Donald Trump, aunque inesperada, podría ser vista en el futuro como un promotor involuntario de la unidad europea. A diferencia de los fundadores históricos de la integración europea, sus políticas y actitudes han evidenciado la necesidad de que Europa se fortalezca como actor independiente.

El matonismo y la política errática de Trump han dejado aflorar la desconfianza que los europeos mantenían en privado hacia Estados Unidos. Líderes atlantistas reconocen que la fiabilidad de Washington es tan cuestionable como la de Pekín, una idea impensable hasta hace poco.

“La pregunta más grande y más importante es si Estados Unidos está preparado para ser tan leal como se describe en nuestros tratados [de la OTAN]”, afirmó el primer ministro polaco Donald Tusk, reflejando las dudas sobre el compromiso estadounidense.

Además, un correo interno del Pentágono reveló opciones para sancionar a aliados de la OTAN que no apoyan la guerra en Irán, incluyendo medidas extremas como suspensiones y presiones políticas. Estas acciones ponen en evidencia la tensión creciente en la alianza defensiva.

Paralelamente, Estados Unidos ha dejado claro que no tolerará que sus socios se beneficien sin contribuir adecuadamente en defensa, mientras se observan intentos de interferencia para fortalecer partidos ultras y amenazas territoriales como la intención de anexar Groenlandia.

Un nuevo rumbo para el vínculo transatlántico

Frente a estos retos, Europa debe replantear su relación con Estados Unidos y el significado de su proyecto común. La dependencia militar y tecnológica actual es insostenible y obliga a buscar una mayor autonomía.

Los líderes de la Unión Europea han reflexionado sobre la posibilidad de un pilar defensivo propio bajo el artículo 42.7 de los Tratados, similar al artículo 5 de la OTAN, aunque su viabilidad es limitada por la diversidad política y constitucional del bloque.

La solución más pragmática sería avanzar en grupos reducidos y cohesionados, incluyendo socios externos como Reino Unido y Noruega, para fortalecer la defensa y mantener abierta la cooperación.

En materia tecnológica, la UE es clave para reducir la dependencia de Estados Unidos mediante reformas profundas, culminación del mercado de capitales y desarrollo de bienes digitales públicos, que van desde infraestructura hasta sistemas de pago e identidad digital.

El camino hacia una defensa eficaz y autonomía tecnológica será largo y complejo, pero necesario para evitar quedar a merced de las potencias como Estados Unidos, Rusia o China, que observan con interés la fractura transatlántica.

“Lo que nos falta es la voluntad. Trump, el gran europeísta involuntario, nos está echando una notable mano en ese sentido”, concluye Andrea Rizzi, corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS.

La voz del país

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