Probablemente muchos se levantan cada mañana despotricando del trabajo que tienen que emprender. No están contentos con él, les parece rutinario y poco emocionante. Otros, muchos también, lo ven distinto, como un desafío permanente, lleno de sorpresas, de diálogos interesantes, de descubrimientos y aprendizajes.
Hay trabajos duros, demandantes, complejos, de mucha atención y capacidad para enfrentarlos. Pero al final de cuentas son trabajos, y quienes gozan de uno formal son de alguna manera bendecidos, pues la gran mayoría de bogotanos no pueden decir lo mismo, viven de la informalidad y allí las cosas son a otro precio.
Los gestores de diálogo buscan desescalar conflictos y garantizar respeto por los derechos ciudadanos mientras lidian con insultos y amenazas.
Este es un oficio que requiere una enorme capacidad de escucha y paciencia. No es para cualquiera.
LEA TAMBIÉN: Voy y vuelvo | ¿Estamos seguros o nos sentimos inseguros? - Ernesto Cortés