Un boicot que se intensifica
La élite del tenis mundial, encabezada por Aryna Sabalenka y Jannik Sinner, decidió dar un paso más en su protesta contra los organizadores de los Grand Slams. Luego de reducir a 15 minutos las conferencias de prensa en Roland Garros, ahora extenderán esa limitación a toda la primera semana de Wimbledon, que comienza el lunes en Londres.
La medida afectará especialmente a los medios con derechos de transmisión televisiva, ya que las ruedas de prensa posteriores a los partidos no suelen superar los diez minutos. En París, los jugadores limitaron sus intervenciones a diez minutos y luego alimentaron la señal internacional durante cinco minutos más.
El trasfondo de la protesta
La elección de los 15 minutos no es casual: representa el porcentaje actual (menos del 15%) que los tenistas reciben de los ingresos generados por los torneos del Grand Slam. Su exigencia es que ese porcentaje suba al 22% para 2030. Además, reclaman mayor participación en las decisiones que los afectan y más inversiones en su bienestar, como salud, jubilación y maternidad.
Estamos sorprendidos y decepcionados por esta acción, declararon los organizadores de Wimbledon a la agencia Press Association.
Aumento de premios, pero insuficiente
Aunque Wimbledon anunció un incremento del 20% en los premios para este año —con más de 4 millones de euros para los campeones y 93.000 euros para los eliminados en primera ronda—, los jugadores consideran que las reivindicaciones 'estructurales' no han sido atendidas. En un comunicado, calificaron el aumento como 'un paso sincero y significativo', pero insuficiente.
¿Boicot total? Poco probable
A pesar de la tensión, fuentes cercanas a los tenistas descartan un boicot total a los torneos. 'No creo que estemos cerca de un boicot', dijo una fuente a la AFP. 'Sería más bien como último recurso', añadió, señalando las diferentes sensibilidades entre los jugadores. El economista Christophe Lepetit coincidió en que 'nadie tiene realmente interés en que no haya acuerdo', ya que tanto jugadores como organizadores se benefician mutuamente.
En París, la revuelta se apaciguó tras una reunión constructiva entre los organizadores de Roland Garros y los representantes de los jugadores. Sin embargo, Wimbledon ahora será el escenario de una nueva prueba de fuerza.