Alan Greenspan, quien presidió la Reserva Federal de Estados Unidos durante 18 años y 5 meses, falleció este lunes a los 100 años. Su gestión estuvo marcada por la famosa advertencia sobre la 'exuberancia irracional' en los mercados, pronunciada el 5 de diciembre de 1996, y por su papel en la expansión económica más larga de la historia estadounidense, entre 1991 y 2001.
La advertencia que definió una era
En un discurso ante el American Enterprise Institute, Greenspan preguntó: '¿Cómo sabemos cuándo la exuberancia irracional ha escalado indebidamente los valores de los activos, que luego se convierten en objeto de contracciones inesperadas y prolongadas?'. La frase, concebida mientras se bañaba, provocó pérdidas inmediatas en las bolsas, pero no frenó la burbuja puntocom, que estalló tres años después.
Héroe y villano de la economía global
Greenspan trabajó con cuatro presidentes: Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. Fue aclamado por la expansión de los 90, impulsada por la integración de internet y las bajas tasas de interés. Sin embargo, también fue criticado por las mismas políticas que, según muchos, sembraron las semillas de la crisis subprime y la Gran Recesión de 2007-2009.
El término 'nueva economía' fue inventado por los periodistas estadounidenses, educados en el culto de lo 'nuevo', con el que alimentan el 'imaginario' de sus lectores. En este caso, la iniciativa surgió del semanario Business Week.
El auge y caída de las puntocom
La burbuja puntocom llevó a acciones como las de Yahoo! a multiplicarse por 86 en menos de cuatro años. Los préstamos bancarios a hogares franceses subieron 6.9% en 1999, en parte para comprar acciones de empresas 'puntocom'. La euforia terminó en marzo de 2000, cuando los precios comenzaron a caer, y para 2001 se esfumaron las ganancias, dando paso a una recesión.
La controversia de las tasas de interés
Tras la recesión de 2001, la Fed mantuvo tasas bajas, lo que impulsó préstamos hipotecarios subprime. Cuando las tasas subieron entre 2004 y 2006, muchos prestatarios no pudieron pagar, desencadenando la crisis de 2007. Greenspan defendió que desde 2002 no había relación entre las tasas de la Fed y las hipotecarias, pero su legado sigue siendo objeto de debate.