Cultura

Bernini y Urbano VIII: Talento, poder y dinero que transformaron la Roma barroca

La muestra Bernini y los Barberini en Roma explora cómo el genio creativo de Bernini y el respaldo económico y político de Urbano VIII dieron origen a obras maestras del barroco y remodelaron la capital italiana en el siglo XVII.

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Foto: La voz del país

En el corazón de Roma, la exposición Bernini y los Barberini, abierta hasta el 14 de junio en el Palacio Barberini, destaca la alianza entre el escultor Gian Lorenzo Bernini y el papa Urbano VIII, una colaboración que fusionó talento artístico, poder y dinero para crear un legado único del barroco.

La muestra se aleja del formato tradicional de los grandes éxitos para presentar una selección de piezas excepcionales, incluyendo esculturas y retratos en mármol de Bernini provenientes de colecciones internacionales como la Fundación Getty, la National Gallery de Londres y el Museo Thyssen-Bornemisza.

Además de la obra de Bernini, la exposición incorpora creaciones de contemporáneos y familiares como Giuliano Finelli, François Duquesnoy y Pietro Bernini, contextualizando el ambiente artístico y cultural del siglo XVII en Roma.

El Palacio Barberini: epicentro del barroco romano

El Palacio Barberini, residencia del papa Urbano VIII antes de su coronación, se presenta como una pieza clave del barroco, resultado de la colaboración entre Bernini, el arquitecto Francesco Borromini y el pintor Pietro da Cortona. La familia Barberini, de origen florentino y con gran influencia política y económica, impulsó la transformación artística y urbana de Roma durante su papado (1623-1644).

El papa Maffeo Barberini, intelectual y melómano, comprendió el potencial de Bernini para inmortalizar su figura y la de su familia, encargándole múltiples bustos que rompieron con la tradición funeraria para celebrar el prestigio familiar.

Bernini y sus obras maestras bajo el mecenazgo de Urbano VIII

Entre los encargos más emblemáticos destaca el baldaquino de San Pedro en la basílica vaticana, una monumental estructura con columnas que cubre la tumba del apóstol y que simboliza la fusión del arte y la fe durante la Contrarreforma.

La exposición presenta bocetos y dibujos tanto de Bernini como de su rival Borromini, evidenciando la complejidad y genialidad en la construcción de estas obras.

Asimismo, se exhibe el diseño original del elefante que sostiene un obelisco en la plaza de la Minerva, concebido para el jardín del Palacio Barberini, que ejemplifica la creatividad y el simbolismo barroco.

Libertad creativa y controversias personales

El ego del papa Urbano VIII se refleja en los múltiples bustos que Bernini realizó de él, una práctica casi única en la historia del arte papal. Sin embargo, Bernini también mostró su espíritu libre al crear obras por encargo privado, como el busto de Thomas Baker, que desafió las expectativas del pontífice.

La exposición también revela aspectos personales y oscuros de Bernini, incluyendo su relación con Costanza Piccolomini Bonarelli, a quien esculpió apasionadamente pero luego agredió tras descubrir su infidelidad, un episodio que el papa protegió pese a su gravedad.

El legado de Bernini, definido por Urbano VIII como un «hombre excepcional y un ingenio sublime», continúa siendo objeto de reflexión sobre la compleja relación entre el genio artístico y su vida personal.

La voz del país

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