China no busca una ciencia propia, sino integrarse plenamente en la ciencia global. Este enfoque se refleja en la rigurosa regulación de sus productos de medicina tradicional, exigiendo evidencias científicas de eficacia y seguridad para mantenerlos en el mercado.
Las nuevas normativas chinas, vigentes desde el otoño pasado, afectan especialmente a las inyecciones basadas en extractos tradicionales, cuyo uso ha disminuido tras reportes de efectos adversos. Varias empresas están realizando ensayos clínicos con protocolos homologables a los occidentales para validar sus productos.
En el ámbito de la energía, China avanza con el proyecto BEST en Hefei, un reactor experimental de fusión nuclear que podría conectarse a la red eléctrica en 2030, anticipándose a los países occidentales y representando un avance histórico para la energía limpia y sostenible.
- Incremento del presupuesto científico en un 10% este año, alcanzando 54.000 millones de euros.
- Desarrollo de inteligencia artificial, física cuántica y tecnologías de computación.
- Integración de la ciencia en planes quinquenales para guiar el desarrollo hasta 2030.
- Enfoque integral que abarca desde diseño de chips hasta fabricación de productos biológicos y maquinaria industrial.
Mientras algunas regiones enfrentan conflictos y caos, China se prepara para despegar con un sólido fundamento científico, consolidando su posición como una potencia científica mundial con visión estratégica.