Una deuda pendiente con Shakespeare que se salda en Madrid
Deborah Warner, reconocida directora inglesa de 66 años, nunca antes había abordado la obra ‘El sueño de una noche de verano’ de Shakespeare. Su fascinación por esta pieza comenzó a los nueve años tras ver la histórica producción de Peter Brook en Bristol, que la inspiró a dedicarse al teatro. Ahora, casi seis décadas después, Warner encuentra en la ópera de Benjamin Britten una oportunidad perfecta para explorar esta comedia desde una nueva perspectiva.
Una ópera que abraza la fantasía sin decorados convencionales
El montaje de Warner elimina el tradicional decorado de bosque para sumergir al público en una instalación de fragmentos naturales que evoca el teatro isabelino, donde la palabra y la imaginación eran suficientes para transportar a los espectadores. La acción se centra en el universo de la fantasía infantil, resaltando la ambigüedad y el artificio del mundo de las hadas, y jugando con la dualidad de personajes como Puck, representado por un acróbata y un actor.
Una producción que desafía convenciones y destaca la música de Britten
Dirigida musicalmente por Ivor Bolton, esta coproducción con el Royal Ballet and Opera de Londres y el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino destaca por su reparto británico encabezado por Iestyn Davies, Liv Redpath y Clive Bayley. La partitura de Britten distingue con brillantez los cuatro mundos de la obra a través de timbres específicos y una música que captura la esencia del sueño, un territorio donde nadie ha compuesto con tanta maestría.
Warner valora especialmente las condiciones de trabajo en el Teatro Real, que le permiten arriesgar y experimentar en cada producción. Con esta apuesta, la directora demuestra que Shakespeare sigue siendo una fuente inagotable de inspiración y que, a más de cuatro siglos de su obra, continúa adelantándose a su tiempo.