Las elecciones del domingo pasado no solo dejaron a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda como los candidatos que disputarán la Presidencia de la República en dos semanas; también mostraron un país profundamente dividido desde el punto de vista ideológico, político y regional. Si bien la polarización es el signo de la política de nuestros tiempos en el mundo, en Colombia la grieta es más compleja por el pasado de violencia que ha tenido el país.
Una división que no es irreversible
Andrés Casas, doctorado en Psicología Social y fundador de Neuropaz, advierte que la desconfianza y los discursos de confrontación debilitan la capacidad de una sociedad para cooperar. En entrevista con EL TIEMPO, Casas analiza las razones detrás de la polarización electoral y propone caminos para reconstruir el tejido social.
Las elecciones, en efecto, nos muestran divididos, aunque no estemos estructuralmente condenados a serlo.
El cerebro en modo reptiliano
Casas explica que, en entornos de miedo e incertidumbre, el cerebro humano tiende a activar respuestas emocionales primitivas. “Cuando se mete esa inyección de inseguridad existencial, el miedo ordena la decisión”, señala. Las redes sociales y los discursos políticos agresivos exacerban esta dinámica, llevando a las personas a ver al otro como un enemigo.
- El cerebro en modo automático prioriza las emociones sobre el análisis racional.
- La amígdala toma el control y genera comportamientos de defensa del grupo propio.
- Se activa el ‘ethos del conflicto’: se renuncia a la idea de que todos somos iguales.
La desconfianza como barrera
Según la ‘Encuesta mundial de valores’, solo el 4 % de los colombianos confiaría en alguien que conocen por primera vez, frente al 30 % a nivel mundial. Esta desconfianza, sumada a la fragmentación informativa, dificulta la cooperación y el diálogo.
La gente cree que se informa cuando lee redes sociales, pero muchas veces se aísla. Entra en un modo de comportamiento reptiliano.
Caminos para recuperar la cooperación
Casas propone tres estrategias para superar la polarización: recuperar la humanización del otro, desactivar la difusión de responsabilidad y fomentar espacios de encuentro no políticos. “Si todos nos encontramos en distintos espacios, confiamos más en el otro”, afirma.
- Generar mecanismos para inocular la humanización y el reconocimiento mutuo.
- Crear espacios de encuentro donde no se hable de política, como la rumba o el café.
- Ponerse el ‘sombrero electoral’: votar por el bienestar colectivo, no por odio o lealtad grupal.
Un llamado a domesticar a los políticos
El experto concluye que la democracia colombiana, construida con esfuerzo, debe ser cuidada. “En Colombia debemos domesticar a los políticos y tomar las riendas. Recuperemos el balón y domestiquemos a los políticos”, sentencia.