Un vínculo ancestral entre humanos y perros
En la meseta volcánica de Anatolia central, Turquía, hace aproximadamente 15.800 años, una perra dio a luz una camada de cachorros que murieron siendo muy jóvenes. Los humanos que habitaban el yacimiento de Pınarbaşı enterraron deliberadamente a estos cachorros en la misma zona donde depositaban a sus muertos, otorgándoles un trato ritual y simbólico. Este descubrimiento, basado en fragmentos de hueso diminutos, ha permitido identificar al cachorro como el perro doméstico más antiguo conocido genéticamente.
Una antigüedad que reescribe la historia de la domesticación
Hasta ahora, la evidencia genética más antigua de perros domésticos databa de hace unos 10.900 años en Rusia. Sin embargo, estudios recientes liderados por científicos de 17 instituciones internacionales adelantan esta fecha en más de 5.000 años, situándola en el Paleolítico Superior tardío. En este periodo, los humanos eran cazadores-recolectores y no existían otros animales domesticados, lo que resalta la importancia y singularidad de la relación con los perros.
Un vínculo que trasciende miles de kilómetros
Los análisis genéticos comparativos entre perros encontrados en Pınarbaşı, Turquía, y Gough’s Cave, Reino Unido, revelaron que estos animales, separados por más de 4.000 kilómetros, eran genéticamente casi idénticos. Esto indica que una población homogénea de perros se había extendido rápidamente por la Eurasia occidental antes del final de la última Edad de Hielo, a pesar de que sus comunidades humanas eran cultural y genéticamente diferentes.
Una convivencia con rituales y dietas compartidas
Los perros y humanos de ambos yacimientos compartían dietas similares, con evidencias de consumo de pescado en Pınarbaşı y de dieta prácticamente indistinguible en Gough’s Cave. Además, el trato simbólico era intenso: en Pınarbaşı los cachorros fueron enterrados junto a humanos con rituales funerarios, y en Gough’s Cave, donde se practicaba el canibalismo ritual, un perro presentaba modificaciones óseas similares a las de los humanos fallecidos, demostrando un valor simbólico profundo.
La persistencia del linaje canino paleolítico en la actualidad
A pesar de que la llegada de agricultores desde el suroeste asiático hace unos 8.000 años reemplazó genéticamente a la mayoría de la población humana europea, los perros de los cazadores-recolectores paleolíticos no desaparecieron. Contribuyeron en gran medida al patrimonio genético de los perros actuales en Europa, dejando una huella genética que perdura en razas modernas como el pastor alemán o el San Bernardo.
Preguntas abiertas sobre la domesticación y el rol social de los primeros perros
Aunque estos descubrimientos sitúan la domesticación canina en la Eurasia occidental hace más de 16.000 años, aún se desconoce el lugar y el momento exacto donde ocurrió. Tampoco está claro el papel exacto que estos perros desempeñaban en las sociedades paleolíticas, aunque se especula que podrían haber servido para caza, alarma o compañía, siendo valiosos y cuidados por los humanos.