Pere Puig Ribas, un residente de Reus, Cataluña, lleva dos décadas enfrentando ataques diarios de depresión y ansiedad que no han respondido a ninguna terapia ni medicamento. Su caso evidencia la complejidad del tratamiento de enfermedades psiquiátricas intratables y la difícil situación de quienes buscan la eutanasia como una opción de muerte digna.
Desde la entrada en vigor de la Ley de Eutanasia en España en 2021, los pacientes con sufrimientos físicos graves han podido acceder a esta opción. Sin embargo, para quienes padecen trastornos mentales, el acceso es muy limitado. En Cataluña, de las 361 eutanasias realizadas en los últimos tres años, solo cinco corresponden a casos de enfermedades psiquiátricas.
El caso de Pere pone rostro a una realidad estadística que refleja la dificultad de reconocer el sufrimiento mental como causa suficiente para acceder a la eutanasia. Su resistencia a los medicamentos y terapias tradicionales complica aún más su situación, generando un debate sobre los derechos y la dignidad de pacientes con enfermedades mentales graves.
“He vivido 20 años con un dolor constante que no se puede medir ni ver, pero que es tan real como cualquier enfermedad física.” - Pere Puig Ribas