Es una de las causas más frecuentes de dolor y rigidez en personas mayores de 50 años. La artrosis de rodilla es una enfermedad crónica que aparece cuando el cartílago que amortigua la articulación se deteriora con el paso del tiempo. Aunque no tiene cura, diversos hábitos pueden ayudar a aliviar los síntomas y ralentizar su progresión.
Lo que realmente protege el cartílago
La evidencia científica señala que el ejercicio, el fortalecimiento muscular y el control del peso son factores determinantes para disminuir el dolor y proteger el cartílago de la rodilla. Estos hábitos, integrados en la rutina diaria, pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de quienes padecen artrosis.
El error más común que acelera la artrosis es evitar el movimiento por miedo al dolor. La inactividad debilita los músculos que sostienen la rodilla, aumentando la carga sobre el cartílago y acelerando su desgaste. Por el contrario, el ejercicio moderado y supervisado fortalece la musculatura y mejora la estabilidad articular.
El reposo excesivo no es la solución. La actividad física controlada, junto con el control del peso, es la estrategia más respaldada por la ciencia para proteger el cartílago y reducir el dolor en la artrosis de rodilla.
Los especialistas recomiendan actividades de bajo impacto como caminar, nadar o andar en bicicleta, combinadas con ejercicios de fortalecimiento muscular. Además, mantener un peso saludable reduce la presión sobre las rodillas, lo que contribuye a frenar el avance de la enfermedad.