La situación de derechos humanos en Quibdó sigue siendo crítica. Aunque las cifras para el 2025 muestran una reducción en la tasa de homicidios incluidos los casos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ), los niveles de violencia se siguen manifestando a través de otras dinámicas como la violencia sexual y el tráfico de armas, lo que sigue siendo alarmante. Así lo advierte el más reciente informe de la Fundación Círculo de Estudios sobre el panorama humanitario en la capital del Chocó.
Una reducción que no refleja mejoras estructurales
El documento señala que, si bien los homicidios de menores disminuyeron al pasar de 21 casos en 2024 a 14 en 2025, esta reducción no significa una mejora estructural en las condiciones que afectan a la niñez y la juventud de la ciudad. De hecho, el informe es contundente al afirmar que la disminución “no representa la superación de los problemas diferenciales que desde hace más de una década vienen afectando a este grupo poblacional”.
Ser joven en Quibdó es una amenaza per se. Los efectos de un conflicto armado interno librado durante más de 50 años por actores armados como el Ejército de Liberación Nacional (Eln), las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc) y otros grupos armados no oficiales ha provocado la muerte de cientos de jóvenes y menores afrocolombianos.
Violencia sexual y tráfico de armas: las otras caras de la crisis
Además de los homicidios, otras violencias siguen afectando la vida de quienes habitan el territorio. La violencia sexual registró 70 casos en 2025, una cifra alarmante que representa el 44.02 % de todos los casos reportados en el departamento del Chocó, afectando desproporcionadamente a la población infantil y juvenil. Aunque a menor escala, también hay otras violencias como la intrafamiliar y la intrapersonal.
El informe también muestra un escenario preocupante en cuanto al tráfico de armas: los jóvenes conviven en un entorno donde el uso de armamento de fuego es la principal causa de muerte, facilitado por un mercado negro altamente activo. Las estructuras armadas emplean armas de largo alcance, como fusiles y rifles de precisión, además de subametralladoras y pistolas. Este flujo se ve potenciado por la ubicación geográfica de la región, donde la extensa red fluvial y la escasa vigilancia en las fronteras con Panamá y Ecuador permiten el ingreso constante de cargamentos ilegales provenientes de Estados Unidos, Europa y Asia.
Recomendaciones para enfrentar las causas estructurales
Ante este panorama, la Fundación también emite varias recomendaciones para que el Gobierno pueda actuar y busque no solo reducir el homicidio en Chocó, sino las condiciones estructurales que permiten que los NNAJ crezcan en entornos de violencia. Una de ellas: "Visibilizar el hecho victimizante e involucrar a las instituciones públicas y privadas defensoras de derechos humanos para que tracemos estrategias que permitan reducir el homicidio".
Asimismo, se proponen acciones desde el ámbito jurídico, con un enfoque de justicia restaurativa en el que las víctimas sean el centro de las actuaciones y tengan toda la información sobre los avances en las investigaciones y en el proceso penal.
El panorama para 2026: disputas armadas y nuevos actores
En el informe preliminar sobre la situación en lo corrido de 2026, la Fundación advierte que el panorama no representa un buen comienzo y que la disputa entre las guerrillas se ha extendido a grupos armados delincuenciales que operan dentro de la ciudad. "Los grupos armados al margen de la ley como Mexicanos, palmeños, locos Yam, Los Z, que hoy en día operan en todo Quibdó no son cosa distinta que el nuevo ropaje que han asumido los actores del conflicto armado; un conflicto ahora disperso, con actores difícilmente identificables, pero profundamente incrustado en la cotidianidad de las comunidades", se lee en el documento.
Una de las zonas más afectadas de Quibdó es la Comuna 1, más conocida como Zona norte, donde los grupos se siguen disputando el control principalmente por el narcotráfico y el tráfico de armas. Esta situación provoca que niñas, niños y adolescentes vivan en entornos marcados por la violencia, en los que ningún menor debería crecer.