Cali

El regreso del uribismo: una jugada estratégica en las elecciones presidenciales de Colombia

El expresidente Álvaro Uribe lidera una estrategia electoral que busca evitar la victoria de Iván Cepeda y fortalecer el uribismo en las próximas elecciones presidenciales, con una coalición política y dos candidatos que amplían su base electoral.

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Foto: La voz del país

Álvaro Uribe, principal actor político en Colombia durante este siglo, demuestra que su salida del escenario político es una idea equivocada. Con cuatro victorias en las últimas seis elecciones presidenciales, incluyendo dos propias y dos con candidatos aliados, Uribe ejecuta una campaña electoral con sagacidad y pragmatismo, cuyo objetivo estratégico es impedir que Iván Cepeda gane y evitar su propia derrota.

Una campaña marcada por la fragmentación y la coalición

El proceso electoral comenzó con más de cien precandidatos, dificultando la aparición de opciones políticas nuevas y serias. Este vacío fue aprovechado por Abelardo de la Espriella, quien propuso inicialmente a Uribe como vicepresidente, inspirándose en la estrategia política rusa de 2008. Uribe intentó una amplia convergencia política que no prosperó, pero logró capitalizar la llamada ‘Gran Coalición por Colombia’, que aunque limitada, funcionó como un experimento democrático para aglutinar sectores variados.

La coalición incorporó figuras como Paloma Valencia, Vicky Dávila, Juan Carlos Pinzón y Enrique Peñalosa, apoyados por Íngrid Betancourt y otros partidos. Esta alianza, que inicialmente buscaba un frente contra Sergio Fajardo, se transformó en una marca ‘nueva’ con un discurso neoliberal, inmovilista y antipetrista, lo que resultó en un éxito mediático indiscutible.

El impacto de los actores y medios en la consolidación de la coalición

Tres actores clave —De la Espriella, Fajardo y Petro— junto con el Consejo Nacional Electoral, jugaron un papel decisivo. La exclusión de Iván Cepeda en las consultas y el apoyo mediático a la coalición favorecieron la candidatura de Paloma Valencia, quien se posicionó sin rivales claros. El Pacto Histórico llamó a votar solo para Senado y Cámara, dejando la consulta presidencial en primer plano.

La dupla Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, con fuerte presencia mediática y liderazgo joven, se consolidó como la fórmula presidencial de la coalición uribista.

Dos candidatos, una estrategia electoral unificada

Uribe maneja a dos candidatos complementarios: Abelardo de la Espriella, que agrupa a sectores ultraconservadores y antipolíticos, y Paloma Valencia, que apela a un segmento neo-uribista con un discurso más moderado. Esta división creativa busca ampliar la base electoral y mantener la unidad tras la primera vuelta, compartiendo un discurso común de Estado pequeño, mano dura, y alineamiento con Estados Unidos.

El futuro de la contienda electoral

La campaña se polariza entre Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. A pesar del liderazgo actual de Cepeda en encuestas, se anticipa una ofensiva para desacreditarlo, impulsada por la estrategia de Uribe y apoyada por medios de comunicación. Se prevé un crecimiento de los candidatos uribistas en las próximas semanas.

El Pacto Histórico y las fuerzas progresistas podrían estar sobreestimando la capacidad de movilización de Petro y subestimando la necesidad de un relato que ilusione y movilice a las mayorías no ideologizadas. La continuidad del proyecto de Petro no garantiza el triunfo de Cepeda, quien debe demostrar preparación para la presidencia.

En conclusión, la posibilidad de un regreso del uribismo al poder es significativa. Sin un relato esperanzador que movilice a las mayorías, la campaña se convertirá en un duelo de miedos, manteniendo al país en su estado actual.

La voz del país

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