Un operativo sin precedentes en España reveló las condiciones inhumanas en las que ocho mujeres, dos de ellas originarias de Cali, eran mantenidas cautivas en un sótano de un chalé lujoso, utilizado como prostíbulo clandestino.
Las víctimas convivían en un espacio reducido bajo tierra con ventanas pequeñas que impedían su escape, permaneciendo frecuentemente selladas para evitar cualquier intento de fuga.
El sótano, ubicado a nivel del suelo en el jardín del inmueble, era el centro de la explotación sexual y el lugar donde las mujeres recibían castigos si no cumplían con las órdenes de sus captores.
La Personería de Cali expresó su rechazo ante esta grave violación a los derechos humanos de las mujeres caleñas involucradas.
Este caso pone en evidencia la compleja red de trata y explotación que opera en espacios aparentemente privilegiados, donde el lujo oculta el sufrimiento y la violencia.