La final que desnudó los prejuicios
La final del fútbol colombiano dejó una escena maravillosa para los campeones mundiales en coleccionar sentencias fallidas: Arias contra Arias. Diego Arias frente a Alfredo Arias. Nacional contra Junior. El primero y el segundo en la final de la Liga. Exactamente los mismos técnicos que durante meses fueron tratados como incapaces o simples malos administradores de nómina por esa crítica que vive enamorada de sí misma.
Diego Arias: el aprendiz que calló bocas
En Medellín, a Diego Arias lo siguen tratando de aprendiz. Lo acusaron de no tener personalidad. Dijeron que los pesos pesados del vestuario lo manejaban. En el fútbol colombiano todavía existe una fascinación por el técnico gritón, teatral y mesiánico. Lo curioso es que ese supuesto entrenador débil convirtió la semifinal contra Tolima en una paliza futbolística. Al mismo Tolima del que los ‘tecnilovers’ venían hablando como si fuera una tesis doctoral del juego moderno porque Lucas González había armado un equipo “serio”, “ordenado” y “armónico” con jugadores “de segundo nivel”.
Alfredo Arias: perseguido hasta siendo campeón
En Barranquilla, la película fue parecida. A Alfredo Arias lo persiguieron incluso siendo campeón. Que Junior jugaba igual. Que el equipo no evolucionaba. Que la irregularidad. Que sus alineaciones y sus cambios. Siempre había una nueva sentencia para reducirlo y pedir su cabeza. Y, mientras tanto, Junior volvió a la final y amenaza con el bicampeonato.
Pero tranquilos, hoy mismo aparecerán los opinadores seriales a explicar que Nacional y Junior ganan 'a pesar' de sus técnicos y únicamente por el peso de sus nóminas. La acomodada es monumental, pues es claro que el fútbol es, ha sido y será de los futbolistas.
La lección de Guardiola: el técnico como jefe de personal
Ahí entra el mejor ejemplo posible: Pep Guardiola. El técnico más influyente del último cuarto de siglo en el mundo no ganó 41 títulos por sus solos diagramas tácticos pegados en una pared. Los ganó porque tuvo a los mejores siempre y gastó fortunas obscenas en el Bayern Múnich y el Manchester City, del que ayer se fue. Hace años en esta columna se desnuda a quienes disfrazan el fútbol con sotanas blancas y rezan en su secta el credo táctico. Un buen técnico, un buen entrenador, es ante todo un jefe de personal, un tipo que sabe de gestión humana, que lidera desde el ejemplo y toma decisiones bajo presión.
Luis Díaz: la ficción del agotamiento
Y hablando de ficciones, una más: pidieron declarar ‘conmoción nacional’ dizque para proteger a Luis Díaz del supuesto agotamiento. Les faltó pedir intervención de la ONU para que no jugara con el Bayern Múnich y llegara “fresco” y “descansado” a la Selección Colombia. Entonces, ¿qué hacemos con Kane, Kimmich u Olise? ¿Cadena de oración...?
Pues bien: Díaz terminó una temporada monstruosa con triplete alemán y 59 partidos encima (con los de la Selección). “Estoy enérgica y físicamente muy bien”, dijo. Lo más divertido fue la otra teoría: dizque había que evitar que jugara para que no se lesionara. Así, pues debieron pedirle que no se bañara: no fuera el diablo y se resbalara con los pies mojados y...
Pero ya saben que a muchos les funciona el drama del 'análisis apocalíptico'. Pero como cantan en las cantinas y en los bares: 'Dile al que te está informando, que te está mal informando, que te informe bien'.